diumenge, de març 28, 2004

Diumenge, 28 de març

Bona cara al mal temps

onades Al mal temps, bona cara. És la que intento posar amb aquest temps tan boig. Plou, neva, i ja no sé on paro. Sort en tinc del pèl i no he de fer com els altres, que ja no saben com vestir-se. ¿Primavera o hivern? primavera d'hivern, diria. I avui amb una hora menys. He bordat i com si res. Tots adormits i sense poder sortir. He fet temps llegint el diari per internet. Sort n'hi ha d'alguns, com Manuel Vicent, que posen bona cara al mal temps.

Las olas

Manuel Vicent

El mar sólo es un conjunto de olas sucesivas, igual que la vida se compone de días y horas, que fluyen una detrás de otra. Parece una división muy sencilla, pero esta operación, incorporada a la mente, ha salvado del naufragio a innumerables marineros y ha ayudado a superar en tierra muchas tragedias humanas. Recuerdo haberlo leído, tal vez, en alguna novela de Conrad. Si en medio de un gran temporal el navegante piensa que el mar encrespado forma un todo absoluto, el ánimo sobrecogido por la grandeza de la adversidad entregará muy pronto sus fuerzas al abismo; en cambio, si olvida que el mar es un monstruo insondable y concentra su pensamiento en la ola concreta que se acerca y dedica todo el esfuerzo a esquivar su zarpazo y realiza sobre él una victoria singular, llegará el momento en que el mar se calme y el barco volverá a navegar de modo placentero. Como las olas del mar, los días y las horas baten nuestro espíritu llevando en su seno un dolor o un placer determinado que siempre acaba por pasar de largo. Cuando éramos niños desnudos en la playa no teníamos conciencia del mar abstracto sino del oleaje que invadía la arena y contra él se establecía el desafío. Cada ola era un combate. Había olas muy tendidas que apenas mojaban nuestros pies y otras más alzadas que hacían flotar nuestro cuerpo; algunas llegaban a inundarnos por completo con cierto amor apacible, pero, de pronto, a media distancia de nuestro pequeño horizonte marino aparecía una gran ola muy cóncava adornada con una furiosa cresta de espuma que era recibida con gritos sumamente excitados. Los niños nos preparábamos para afrontarla: los más audaces preferían atravesarla clavándose en ella de cabeza, otros conseguían coronarla acomodando el ritmo corporal a su embestida y quienes no veían en ella una lucha concreta sino un peligro insalvable quedaban abatidos y arrollados. Con cuanto placer dormía uno esa noche con los labios salados y el cuerpo cansado, abrasado de sol pero no vencido. La práctica de aquellos baños inocentes en la orilla del mar es la mejor filosofía para sobrevivir a las adversidades. El infinito no existe, el abismo sólo es un concepto. Las pequeñas tragedias de cada día se componen de olas que baten el costado de nuestro navío. La única sabiduría consiste en dividir la vida en días y horas para extraer de cada una de ellas una victoria concreta sobre el dolor y una culminación del placer que te regale. Una sola ola es la que te hace naufragar. De esa hay que salvarse.

El Pais/ 28-304

dissabte, de febrer 14, 2004

Dissabte, 14 de febrer


Fent bugada

blanc i negre Dutxes, banyeres i rentamans són les espais que visitem per desfer-nos de la brutícia i de la suor que ens molesten o de la calor que ens crema. L'aigua s'ho endú tot. I quan sortim, diem que ens sentim com nous, com una persona nova. I així fins la propera. Però el que no tenim encara és un espai on netejar-nos per dintre ni cap aigua màgica que ens transformi en la persona de qui parla Vicent Verdú en aquest article.


La "toilete"

Pronto aparecerá una moda insólita: ser buena persona. Después de que la abundancia de objetos, consumos, rebajas, viajes turísticos, gimnasios e injertos no hayan logrado acrecentar la felicidad, lo nuevo será mejorar hacia adentro. Una vez que el exterior se ha colmado de bienes y servicios, artículos y logos, ¿por qué no probar en habilitar el interior? Una vez que tanto se abomina de la basura televisiva, política o alimentaria, ¿cómo no revisar también la composición personal? Sin duda que la democracia se ha deteriorado mucho, pero el ciudadano, efectivamente, también. A peores clientes, peor servicio; a menor exigencia de calidad, mayor mediocridad. Siendo nuestro valor individual proporcional a nuestro peso como clientela (compradora, electora, feligresa), sólo una mejora como parroquiano eleva la condición social.

Desaparecidos los movimientos sindicales vigorosos, los partidos políticos con fuste y las agrupaciones para la revolución, apenas queda nada colectivo donde asirse. Ni siquiera los empeños antibelicistas o del "otro mundo es posible" duran mucho porque, de momento, se ignora la estrategia eficaz. Lo único claro, una vez perdida la orientación de las utopías sociales, es probar con un revival de la utopía individual. Es decir, elegir la moda de hacerse digno, altruista, afectivo, honrado y solidario, puesto que la agresividad, la dureza, la antipatía, el egoísmo apestan. Lo último en elegancia es ser una magnífica persona. Y también lo subversivo, lo inteligente y lo chic. Un individuo afable desconcierta en la organización individualista; un tipo justo, emotivo, interesado por los demás, enseguida resulta la crème de la crème. La tendencia procede, sin duda, de una reacción contra la baratura y la aspereza reinantes, pero constituye también en su parte de opción sentimental un derivado del modelo femenino altamente presente hoy en el posible repertorio de opciones. Con esto, pues, se supera de un golpe la tontada del metrosexual, que es una variante intrascendente. El hombre o la mujer verdaderamente nuevos, el último grito en ser humano, es aquel ejemplar que hoy crece de una decidida toilette del yo. El aseo íntimo que une el brillante amor propio con el lúcido amor por los demás.

El Pais/ 14-2-04

diumenge, de febrer 08, 2004

Diumenge, 8 de febrer


El sabor

Vicent Verdú


 De vuelta a la vida originaria, el amor a la cocina ocupa un lugar central en el bucle actual de la cultura. Prácticamente no existe ya un novelista o un director de cine que no una a sus dotes artísticas la debida ilustración gastronómica. Esos menús, difundidos como obras maestras por los medios, no son para dar de comer, sino para dar que hablar: forman parte del mundo del arte y han dejado de ser meras recetas para erigirse en "creaciones". De ahí que la buena cocina haya derivado en nombres famosos y, posiblemente, secretamente, en una guisada sublimación del sexo. El acceso al goce sexual se ha trivializado demasiado mientras el sabor sofisticado se potencia como disfrute exquisito. Incluso ya no basta, para la atracción, con poseer una buena complexión física y buen olor corporal, puesto que los gimnasios y los perfumes se han popularizado en exceso: lo nuevo es saber bien.

Hace cincuenta años se hablaba de "darse el filete con una chica" cuando "filete" significaba algo valioso y la chica costaba mucho de morder. Hoy se dice "comerse" a uno o a otra cuando se ha alcanzado un nivel de festín erótico similar. Queda, no obstante, otro paso. Porque si ya fue asumido el beneficio de la musculación y la ayuda del desodorante, faltaba lograr que en el banquete amoroso, una vez enzarzados en la liza, el botín fuera también agradable al paladar. ¿Una metáfora romántica ? Claro que no. El último número de la revista masculina Men's Health informa sobre el efecto de algunos alimentos sobre el gusto definitivo del semen. Mejoran, por ejemplo, el sabor del esperma el mango, las ciruelas, las naranjas o el melocotón, pero lo empeoran el ajo, los espárragos, la carne roja y el muslo de pollo.

La sustancia que sirve el macho, dentro de la nueva cocina, obtiene mayor aprecio en tanto remite, en suma, al reino arbolado de la fruta y no a la directa animalidad o a la basta simpleza de la tierra. En el prestigioso sistema de la gastronomía imperante, lo decisivo no radicará, por tanto, en el directo vigor y reciedumbre del bocado (como fue el caso conspicuo del "filete"), sino, por el contrario, en el sutil cariño de la preparación y su esmerado suceso en la boca.

El Pais/ 31-1-04

diumenge, de gener 25, 2004

Diumenge, 25 de gener


Apunt d'en Broc: blogstreptees

Diaris d'adolescents amb granets, tribunes d'oradors en atur, cuines d'escriptors , converses de safareig, memòries descongelades, cabarets, mitings, panflets, pintades, drapets al sol... són algunes de les utilitats dels blogs. Exhibició de la intimitat perquè deixi de ser-ho. ¿Una contradicció? Aquesta és l'opinió de Quim Monzó en el seu article: Intimidad y exhibicionismo. Quan m'he l'ha passat la mas, he pensat: "Broc, això no va per tu, que ja vas despullat". Ara la tinc repassant el grau de la seva exhibició. Serà ruca!

Broc al natural



Intimidad y exhibicionismo

Quin Monzó

show Durante siglos, los adolescentes- tanto masculinos como femeninos, pero sobretodo femeninos- han buscado a menudo en el diario personal una salida al desajuste con el mundo que provoca el incremento de producción hormonal. En cuadernos de tapas forradas de piel, o simplemente de cartón. Algunos, con portadas en las que se leía "mi diario" o "querido diario"; con o sin orla de flores, a elegir. Los diarios personales eran algo que la gente escribía para sí. Uno explicaba sus neuras, los conflictos con los padres, si les gustaba tal chico o tal chica y, una vez escrito, se quedaba más tranquilo. El diario era el amigo que siempre está dispuesto a escuchar nuestros secretos. Por eso muchos llevan un pequeño candado, que evitaba que los familiares leyesen lo que no debían. Con el paso del tiempo, muchos acababan por cogerle gusto al asunto y descubrían una insospechada vocación literaria.

Ahora, todo esto ha cambiado. Es cierto que aún hay adolescentes - y no tan adolescentes- que escriben diarios personales, en libretas y para ellos mismos. Pero la aparición de internet ha modificado el panorama. Ahora lo que se lleva son esos diarios o dietarios on-line llamados blogs, weblogs, blocs e incluso bitácoras. Son unas páginas en la que el autor escribe sus impresiones del mundo, comenta una notícia que le he interesado... Los hay que se especializan. En deportes, en cine, en política. Pero la mayoria son confidencias, pubescentes. Y ahí su novedad: si la cualidad básica de los diarios personales era su discreción, que eran secretos, ¿ cómo es que ahora esos otros diarios personales se exhiben para que los vea todo el mundo e incluso deje sus comentarios?

Hay ahora un blog que parodia lo insustancial de la mayoria de sus congéneres. Quienes sea lectores habituales de blogs y decidan visitarlo comprendrerán hasta que punto es inteligente y cruel. Se llama "El blog más aburrido del mundo" y es un ejemplo de elegancia e ironia. Hace unos días, el autor escribió: "Estaba en casa y he decidido salir un rato. He cogido las llaves, he abierto la puerta de delante y he salido fuera. Me he girado y he cerrado la puerta tras de mi". Eso, el día 2. El día 8, en cambio, escribió: "Frente a mi tenía diversos trozos de papel. He mirado uno durante unos instantes y entonces lo he puesto a su lado. Tras lo cual he cogido otro trozo y lo he mirado un rato". El día 19 las cosas fueron diferentes: "Estaba sentado en una silla, en la sala de estar. La pluma estaba sobre la mesa. He alargado la mano y he cogido la pluma". Así cada día. El número de comentarios que cada entrada recibe de los visitantes - que en la mayoría de los blogs normales está a cero, y que en general no supera la decena- lelga aquí muchos días a 200 y 300. No me estraña, yo también me he convertido en un adicto. "El blog más aburrido del mundo" es no solo una burla al exhibicionismo intimista de muchos blogs sino también de todos esos dietarios que tantos escritores pomposos escriben como si su vida cotidiana y sus aforismo sobre el huevo duro tuviesen el mínimo interés para alguien que no sean ellos mismos.

La Vanguardia/ Magazine/ 25-1-04

divendres, de gener 09, 2004

Divendres, 9 de gener


Lupes i escàners


 Els ossos es degasten, es fracturen o es trenquen i, passat el dolor, només l'esquelet en conserva l'empremta. El matalàs de la carn i el llençol de la pell s'encarreguen de la resta: de fer invisibles els accidents i imperfeccions de la nostra geologia. No podem traspassar-nos amb la mirada, i quan ens mirem defugim les arrugues i només ens veiem el melic.

Aquestes metàfores es poden aplicar a la manera que tenen alguns de mirar el panorama polític actual. Amb una lupa que deixa al descobert totes arrugues i els granets. Per rebentar-los. És una altra manera de mirar-se el melic.

Però hi ha maneres més profundes de mirar. La que ens proporciona l'escàner. Per això m'ha agradat la mirada de Juan José Millás a Metáforas. Per la precisió amb què deixa al descobert la cartografia dels nostre esquelet.


Metáforas

El esqueleto goza de un prestigio absurdo, como si no existieran en la naturaleza otras formas de articulación. Los insectos no tienen columna vertebral, pero son los únicos seres que sobrevivirían a un holocausto nuclear. En realidad, no hay nada más tosco que un conjunto de huesos. Cualquier fibra sintética de las inventadas en los últimos años es más flexible y vistosa que la materia ósea. Los huesos hacen mucho ruido pero no dicen nada, no se expresan. Cuando los arqueólogos dan con un yacimiento de caderas, lo primero que hacen es imaginar cómo fueron las partes blandas que contuvieron en su día. Y es que las vísceras hablan por los codos. Hay más información en un pedazo de hígado que en un juego completo de costillas. El problema de las partes blandas es que, pese a contener el significado, se pulverizan como pétalos al deshidratarse.

La ciencia abandonó hace casi dos siglos la idea de que los vertebrados son superiores a los invertebrados, pero en el lenguaje común el esqueleto continúa funcionando como un modelo de estructura interna. Hasta los filósofos hablan de vertebrar la realidad como si no hubiera otros modos de organización que el que gira alrededor de una columna. Y los políticos, que son los reyes del tópico, utilizan esta imagen no tanto porque impresiona a su público como porque continúa impresionándoles a ellos mismos. El PP dice ahora que el PSOE quiere romper la columna vertebral del Estado porque Aznar y Aceves son incapaces de imaginar un Estado sin esqueleto, lo que constituye una limitación intelectual atroz. Si el cerebro tuviera hueso, las ideas no echarían raíces en él.

Basta con atender al ejemplo que proporciona la naturaleza, para darse cuenta enseguida de que los invertebrados han cosechado más éxitos biológicos que los vertebrados a lo largo de la historia. Y no han hecho más que empezar. Personalmente, prefiero un Estado sin esqueleto a un Estado sin cerebro. Y tampoco me importaría que Zaplana apareciera menos rígido si dijera cosas más inteligentes. Sugerimos a los políticos en campaña que cambien de metáforas zoológicas, a ver si de ese modo son capaces de renovar también su pensamiento. Gracias y que gane el mejor.

El Pais, 9-1-04

dijous, de desembre 18, 2003

Dijous, 18 de desembre


ÀLEX BARNET

BARCELONA. – Microsoft ha aplicado el llamado “fin del ciclo de vida” al Windows 98, uno de sus sistemas operativos más populares y que junto con el Windows 95 –liquidado hace un año– ha convertido a la empresa norteamericana creada por Bill Gates en el gigante que domina más del 90% del mercado mundial de los sistemas operativos para ordenador.

Windows 98 ya no se instalaba desde hacía tiempo en máquinas nuevas, pero, según datos de la industria, aún está instalado en al menos un 20% del parque de ordenadores. Por tanto, su eliminación, aunque forma parte de la dinámica habitual de los productos de Microsoft, tendrá efectos importantes en el mercado, ya que empujará a los usuarios hacia la adopción de sistemas operativos más modernos y, de rebote, probablemente al cambio de ordenador.

La medida, anunciada esta semana de manera muy discreta, y sin comentarios por parte de Microsoft, implica que la compañía ya no publicará más actualizaciones ni parches del sistema y que a partir del 16 de enero del 2004 no facilitará ningún tipo de soporte técnico directo a quienes utilicen Windows 98.

Los usuarios que tengan problemas podrán consultar a terceros o utilizar algunos recursos on-line disponibles en la web de la compañía, compuestos por bases de datos en que los mismos usuarios exponen problemas y posibles soluciones.

Los Windows 98 instalados en los ordenadores, lógicamente, seguirán funcionando igual después de esta liquidación, pero la falta de actualizaciones y parches de seguridad será un elemento decisivo que en los próximos meses empujará con toda probabilidad a los usuarios hacia el cambio de sistema operativo. Y, en muchos casos, de ordenador, ya que programas como el Windows XP difícilmente funcionan o dan un rendimiento óptimo en máquinas con cinco años de antigüedad, como son muchos equipos que aún utilizan Windows 98.

Tras Windows 98, Microsoft ya ha publicado Windows NT, Windows 2000, Windows ME (Millenium Edition) y Windows XP, que es el que ha tenido más repercusión comercial.

En estos cinco años, la fabricación de ordenadores –que industrialmente se rige por la llamada ley de Moore, por la que, más o menos, cada 18 meses se dobla su potencial–, ha dado un salto importante y actualmente tienen mucha más capacidad de procesamiento de datos y recursos de memoria.

De ahí que los sistemas operativos más modernos estén diseñados para equipos potentes. Y de ahí que los argumentos acerca del fin lógico de las tecnologías y sobre las mejoras que implica el software más moderno deban verse también en la perspectiva del interés comercial que las dos compañías de referencia en el mercado mundial de la informática, Microsoft (sistemas operativos) e Intel (procesadores para ordenador), tienen en el recambio continuo de equipos.

La crisis económica de los últimos años ha alargado los ciclos de vida que los usuarios particulares y empresas están dado a los ordenadores más allá de los cinco años, una fecha que difícilmente encaja con los esquemas de la industria, que contemplan los tres años como fecha tope para el recambio.

Microsoft ha anunciado también la creación de un grupo que se centrará en desarrollar tecnología para el próximo sistema Windows –aunque no se llamará así–, que saldrá el 2005 o el 2006, informa Reuters.

(La Vanguardia/ 18-12-03)

dissabte, de desembre 13, 2003

Dissabte, 13 de desembre



Canvi de guió

 Toni Soler ens avança el canvi de guió que ens reserva aquest nadal. Val més estar avisats perquè no ens agafi per sorpresa.


Feliz Navidad, quien seas

Qué impericia, qué falta de previsión. Parece mentira que en un país como el nuestro, donde todo lo importante se deja para “passat festes”, el primer cambio de Gobierno en 23 años tenga lugar en plena temporada navideña. Si no les conociera, diría que Pujol y Mas escogieron la fecha de las elecciones a voleo, porque si no, no se explica que nos abocaran a todos a un interregno en fechas tan señaladas. Los electores podemos soportarlo; pero los funcionarios y los altos cargos de la Generalitat, a lo mejor no.

En Navidad hay que estar por lo que hay que estar, es decir, por los regalos, las comilonas y –si sobra tiempo– por la paz en el mundo. En la Generalitat, lo mismo. El Presidente tiene que preocuparse de su mensaje de Navidad o fin de año; los altos cargos tienen que cuadrar presupuesto, aunque sea a mandobles. Los cargos de confianza tienen que repartir regalos. Y los funcionarios tienen que organizar la cena de “germanor” y comprar la pijada de menos de seis euros para el amigo invisible.

Éstas son las prioridades de un gobierno normal cuando llega Navidad. Y no es de recibo que al nuestro se le corte el rollo por un quítame allá un pacto de izquierdas.

 Ahora quieren que se instaure la zozobra y que, en plenas fiestas, ante la chimenea y con pantuflas, aparezca Pasqual Maragall en TV3 entonando lo de “benvolguts compatriotes...”. De sopetón. Lo siento, pero no; antes nos tenemos que hacer a la ausencia de Pujol, que es como la ausencia de Papá Noel. Y necesitamos algunos meses para acostumbrarnos a ver a Maragall inaugurando cosas. Sólo entonces podremos escuchar su mensaje navideño (por cierto, ¿el de la Diada lo hará Carod, o en este punto no hay cuotas?).

Las cenas. Normalmente son una ocasión para el hermanamiento laboral, el compadreo y –a lo mejor– cierta explosión erótica entre compañeros de negociado que llevan meses ojeándose en silencio. En cambio, con el pacto de izquierdas de la puñeta, las cenas de los departamentos de la Generalitat se verán teñidas de cierto aire de despedida, porque para algunos de los presentes (el mandamás, el cargo de confianza, el comisario y el enchufado) será la última cena. Y a la hora de los chupitos se pondrán melancólicos. O fogosos, porque el que se larga no tiene nada que perder y tira tejos con mayor ligereza.

Un cambio de gobierno en Navidad también es una jugarreta para la sociedad civil. En concreto, para las empresas y entidades que gustan de quedar bien con el poder, y suelen mandar repletas “paneres” o generosos obsequios a todos los consellers. A estas alturas, los paquetes ya han sido enviados. Pero, ¿a quién? Los consellers salientes ya no mandan, luego no merecen regalos. Y los nuevos todavía no tienen nombre ni apellidos. Así que la tarjetita de rigor sólo pondrá: “Feliz Navidad, conseller”. Aunque tendría que añadir: “No nos importa tu nombre, ni tus siglas: sólo tu cargo, tu presupuesto, y tus encargos presentes y futuros, que esperamos que estén a la altura de este obsequio”. Y a por otro próspero año nuevo.

La Vanguardia/ 13-12-03

divendres, de novembre 21, 2003

Divendres, 21 de novembre


Self-service


Declaracio dels drets humansLa declaració dels drets humans reconeix que tothom és lliure de triar la seva nacionalitat. No ho entenen pas així els estats que han construït la seva història a base d'arrabassar la dels altres.

Els resultats de les eleccions catalanes del 16 de novembre han tornat a posar aquest dret sobre la taula. Tots el desitjàvem. Però sembla que l'Estat espanyol continua posant un únic plat a taula i desprecia els altres.Juan José Millás es queixa d'aquest règim de pa i aigua per a tots, i planteja que algú inventi una altra nacionalitat on pugui demanar asil.




Nacionalidades

Lo diré sin ambages (qué rayos querrá decir ambages): si yo dispusiera de un nacionalismo alternativo que me protegiera del nacionalismo casposo, inculto, pendenciero y sudado del PP, me refugiaría bajo su techo hasta que pasara esta tormenta histórica. Y eso que no soy nacionalista. Dejen, pues, de echarse la culpa unos a otros por el ascenso de ERC en las elecciones catalanas. Si no hubiera más remedio que pertenecer a una nación, yo no sé a cuál me apuntaría, pero sí de la que saldría huyendo como de la peste: de la España rencorosa de Aznar, de la España taimada de Rajoy, de la España mentirosa de Arenas, de la España matona de Cascos, de la España agresiva de Ana de Palacio, de la España meapilas de Michavila o Acebes, de la España machista de Zaplana, de la España tétrica de Fraga Iribarne, de la engominada de Piqué... Si la tensión con los llamados nacionalismos periféricos no ha hecho más que aumentar a la sombra de la mayoría absoluta del PP, quizá sea porque a veces no sabemos lo que queremos, pero tenemos muy claro lo que no y lo expresamos de ese modo.

Por otra parte, si yo fuera un votante de ERC, estaría indignado por el modo en que se refieren a esta formación las autoridades. Hablan de ella como de un tumor que le hubiera salido al sistema cuando, que yo sepa, se trata de un partido legalmente constituido que tiene, como todos, la aspiración legítima de ser votado y gobernar. Quiere decirse que los cientos de miles de señoras y señores que han escogido a esa formación no deberían ser tratados por los representantes del Gobierno central como agentes infecciosos, sino como adultos responsables que han elegido la opción que les venía en gana porque creían que esto era una democracia.

Se empieza con referencias despectivas a "los comunistas" y se acaba negando el pan y la sal al otro. Lo malo es que cada día es más fácil caer en la condición de otro: basta con que te produzca un escalofrío la oquedad intelectual de Bush, el acento tejano de Aznar, el expediente de regulación de empleo de Antena 3, o el desparpajo político de Esperanza Aguirre, encantada en su papel de fotocopia. A ver si alguien inventa una nacionalidad otra en la que pedir asilo.

El Pais/ 21-11-03

dissabte, de novembre 08, 2003

Dissabte, 8 de novembre


Juan José Millás


Diario



illaMi marido le regaló a mi hijo un recipiente de plástico con una islita, también de plástico, en cuyo centro se yergue una palmera de plástico. Lo lógico es que en su interior viviera una tortuga de plástico, pero vive una de verdad. Cuando mi hijo se va al colegio, le cambio el agua y la observo nadar. Tras el ejercicio, se sube a la isla, se coloca debajo de la palmera y extiende el cuello y las patas como si estuviera tomando el sol del Caribe, aunque la habitación de mi hijo es muy oscura. La muy tonta no se ha dado cuenta de que todo lo que le rodea es de mentira. "¿Pero por qué no te cortas las venas?", le pregunto yo imaginando lo horrible que tiene que ser el paisaje que se ve desde la isla de plástico, incluida mi cara, que a esas horas parece la de una muerta.

Pero no se corta las venas. Lleva con nosotros tres años y ha sobrevivido a suplicios que me da vergüenza relatar. Ello pese a que la trato como me gustaría que me trataran a mí si fuera un galápago. Estos primeros días de frío, por ejemplo, le pongo el agua a la temperatura del Caribe (nunca he estado allí, pero me lo imagino) y de vez en cuando, en lugar de la típica comida de tortuga, le echo carne picada, que le gusta con locura. Lo de la carne picada lo descubrí por casualidad, un día que estaba haciendo albóndigas y me la llevé a la cocina para tener un poco de compañía. La verdad es que aunque por un lado da gusto ver cómo se la come, por otro da miedo. La otra noche me desperté y fui al cuarto de mi hijo para comprobar que él estaba entero y ella dormida.

El jueves, mientras preparaba uno de los primeros cocidos de la temporada, me vi separando instintivamente un trozo de carne de morcillo para el bicho y me pregunté por qué me había identificado con él de esa manera. Al principio no encontré respuesta, pero luego, al asomarme al patio para tender la ropa y ver el panorama, me di cuenta de que también yo vivía en un recipiente artificial tan siniestro como el de la tortuga. Se me puso un nudo de angustia aquí y me pregunté por qué no me cortaba yo las venas. "Porque nadie se las corta, imbécil", dijo la tortuga desde su islita de plástico, con su pico de loro. Supongo que sería una alucinación.

El Pais/7-11-03

divendres, d’octubre 31, 2003

Dissabte, 1 de novembre


Atmosfera mental


atmosfera Pensar és l'activitat que ens singulatiza de la resta d'espècies animals del planeta. Però no cantem victòria: el contigut i finalitat dels nostres pensaments són intents solitaris de copsar la realitat. I fins i tot filosòsofs, literats, cineastes només han arribat a reflectir-la a trossos. La possibilitat que estiguem envoltats d'un pensament que som incapaços pensar, de la mateixa manera que estem envoltats d'una atmosfera que som incapaços de veure, és la reflexió que fa Juan José Millás en aquest article. (Una pensada que podem afegir a l'atmosfera de pensaments que ens pensen).

Destrozos


La condición para que algo nos resulte invisible es que nos rodee. No vemos, por ejemplo, la atmósfera porque estamos sumergidos en ella. Los astronautas, en cambio, aseguran que es una especie de tul entre gaseoso y líquido que nos envuelve como un papel de regalo. Allan Poe demuestra en La carta robada que el mejor modo de ocultar un objeto es colocarlo a la vista. Cabe preguntarse si la ceguera que padecemos respecto a la atmósfera y a las cartas robadas es semejante a la que sufrimos respecto a las ideas. ¿Estaremos envueltos por una idea dominante que no somos capaces de pensar? De ser así, ¿en qué espacio mental tendríamos que colocarnos para que esa idea envolvente se nos hiciera tan palmaria como la atmósfera a los astronautas?

Llevamos siglos intentando hallar un punto de vista original desde el que observar la realidad. La literatura y el cine nacen seguramente de esa aspiración. ¿Dónde pongo la cámara?, se pregunta el director de cine en cada escena. La cámara se ha puesto ya en todas partes, a veces con resultados estremecedores, pero desde ninguna posición hemos logrado ver la "atmósfera" mental que daría respuesta a todas las preguntas. Los filósofos, por su parte, se colocan en las posturas más extrañas que quepa imaginar para mirar la vida. Los ha habido capaces de desmontar la realidad como se desarma un traje, pero ninguno ha dado todavía con un hallazgo tal que nos permitiera dejar de pensar, pues se piensa para eso: para dejar de hacerlo.

El descubrimiento de que estamos rodeados de una atmósfera que no podemos ver debería inducirnos a sospechar que estamos envueltos también por un pensamiento que somos incapaces de pensar y en el que es probable que hayamos hecho destrozos parecidos a los perpetrados en la capa de ozono. Ello explicaría lo mal que van las cosas y la naturalidad con la que hemos abandonado la dirección del universo a un grupo de paranoicos. La pregunta es si nos matará antes el agujero de ozono o el lógico. Yo preferiría que me matara el de ozono. Tal vez en el momento mismo de morir se aprecie, como desde el interior de una nave espacial, la materia de la que está hecho el otro.

El Pais/ 31-10-03

dissabte, d’octubre 18, 2003

Dissabte, 18 d'octubre


Temps activat


temps El temps és la mesura de totes les coses. Les embolca, les sosté i les escampa per tornar-les a reunir. Vicent verdú ens parla d'això en el seu article "Tiempo". I com si fos cosa de l'atzar avui Manuel Vazquez Montalban ens ha deixat el seu temps viscut mentre esperava el seu vol en la sala d'espera d'un aeroport internacional. Recollim-lo i disfrutem-lo com un gran regal.


El tiempo

Llegará un día en que no será necesario desintegrar los átomos o quemar barriles de gasóleo, sino que toda la energía procederá de la misma escena universal rezumando su fluido sobre la existencia. En esa escena el tiempo se revelará como elemento crucial para producir, curar, elevar, impulsar y desarrollar cualquier innovación humana. Hasta ahora, el tiempo ha funcionado eficaz y obsesivamente para darnos muerte, pero ¿cómo no suponer que esa potencia tremenda podría acaso encauzarse en otras direcciones?

La historia de la ciencia ha ensayado con la inversión de la flecha del tiempo, pero hasta hora su marcha ha seguido en apariencia la dirección del fin, el estibado fatal de los cuerpos y las almas en cuyos mausoleos se van acumulando toneladas y toneladas de un tiempo inactivo. Un tiempo convertido en residuo, desprovisto de misión y sólo hábil, a través de la memoria, como generador de dolor y melancolía. ¿Cómo no rebelarse pues ante esta triste superproducción? Más que la energía de los rayos solares, más que el empuje del viento o de las olas, más devorador que una hoguera, el tiempo puede constituirse en el carisma de la potencia futura. Tiempo no para envejecer o perecer al estilo que introdujo el medievo, sino para perdurar colectivamente, y sin tasa, a través de su fluido purificado de siniestralidad.

A derecha e izquierda de nuestra presencia material, un enjambre de transparencias nos sostienen y nos abrazan, nos hacen perder el sentido o nos disgregan. Pero esta envoltura no debe ser en absoluto incontrolable y fatal, por invisible que sea. Las influencias positivas son tanto más determinantes cuanto menos alcanzamos a detectarlas, como es tanto más potente la luz cuando por su extrema claridad nos deslumbra y no conseguimos verla. El mundo que persiste fuera de la percepción acoge, sin duda, las energías límites. Energías descomunales, sobrehumanas, tan decisivas en su actuación que serán capaces de alterar nuestra naturaleza. Hacernos morir pero también reforzarnos mediante saltos en la especie. Saltos de envergadura para toda la condición humana y a los que sólo podría contribuir la aún ignorada y bondadosa complexión del tiempo.

El Pais/ 18-10-03

diumenge, d’octubre 05, 2003

Diumenge, 5 d'octubre

Títols a la recerca d'autor


llibres Un llibre sense títol seria com una persona sense cara. El que ens permet recordar-lo quan pensem en ell. Per això és important trobar-ne un de bon. De vegades aquesta tasca no és tan fàcil i l'autor, quan ja té el llibre escrit, encara està pendent d'un títol. Javier Cercas ens explica que no cal desanimar-se perquè la majoria de les vegades sempre hi ha un títol buscant un autor.

Se busca escritor

Javier cercas


Una de las torturas más despiadadas a las que debe someterse un escriptor consiste en buscar nuevos títulos a sus escritos. Umberto Eco asegura que el mejor título de la literatura universal es Los tres mosqueteros, porqué los mosqueteros de la novela inmortal de Dumas en realidad no son tres, sino cuatro. Es verdad, a menudo, cuanto más desorientador o más ambiguo, cuanto menos relación directa guarde con el contenido real del libro, mejor es el título. Claro que lo normal es que un buen escritor sea un buen titulador; pero todos conocemos libros malísimos que llevan títulos buenísimos, y libros buenísimos que llevan títulos malísimos. Marcel Proust puso el título insufrible de En busca del tiempo perdido a uno de los libros más perspicaces que se han escrito nunca, si bien antes de publicarse por entero ese mismo libro llevó un título distinto, aunque no mucho mejor: Las intermitencias del corazón. El caso no es infrecuente: muchos libros llevaron, antes de publicarse, títulos distintos del definitivo, ¿Ejemplos? Limitémonos al castellano; limitémonos a los años sesenta, que fueron una década prodigiosa de la novela en castellano: La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, se titulaba originalmente La morada del héroe; Rayuela, de Cortázar; El mandala; Tres tristes tigres, de Cabrera Infante, Vista del amanecer en el trópico, i durante muchos años Cien años de soledad se tituló La casa. No hay discusión, me parece: en esas cuatro obras maestras, los títulos definitivos son superiores a los originales; pero esto siempre no está tan claro: Si te dicen que caí, de Marsé, se tituló originalmente Adiós, muchachos, i La verdad sobre el caso Savolta, de Mendoza, Los soldados de Cataluña, títulos ambos que acaso no son inferiores al definitivo.

Pero no: quizá lo fundamental no es que un título sea inferior o superior a otro, sinó que sea necesario; es decir: que la propia obra, de una forma a un tiempo vehemente y misteriosa, lo exija. En 1996 terminé de escribir una novela cuyo título inapelable era Intemperie, pero en los meses siguientes aparecieron en España una novela y dos poemarios que llevaban exactamente el mismo título. Eufórico, pensé que mi título era muy bueno, porque era imposible que a cuatro compatriotas se nos ocurriera al mismo tiempo el mismo título sin que éste fuera muy bueno; horrorizado, supe que debía cambiarlo. Durante meses de torturas lo intenté: en vano. Un dia, mi amigo Quim Monzó me sugirió uno alternativo: La felicidad. Me pareció un título redondo, así que lo acepté de inmediato y durante meses la novela pasó a titularse La felicidad, hasta que una mañana me desperté con la certidumbre providencial de que ese título magnífico no era el título de mi novela y llegué justo a tiempo para bautizarla con su nombre verdadero: El vientre de la ballena; sólo cautro años despues comprendí que esa intuición de última hora no era equivocada. Fue en 2001, cuando Lluís-Anton Baluenas publicó una novela titulada La felicidad. En cuanto estuvo en las librerías, la compré y la leí; entonces respiré aliviado; mi novela no podía de ningún modo haberse titulado La felicidad, porqué esa sin el menor género de dudas el título que exigía la de Baluenas. Pasó el tiempo. Olvidé el asunto. Pero hace unas semanas, cuando por fin conocí a Baluenas, lo recordé, y lo primero que le dije fue que yo había estado a punto de robarle un título. "¿De veras?", preguntó. Le conté la historia. "Ah", sonrió entonces. "Pero tu historia está incompleta". Baluenas me contó que el título original de su novela no era La felicidad, sino El mejor de los mundos, con el que dos años atrás se había presentado a un premio y lo había ganado. Apenas veinte minutos antes de que se lo entregasen, cuando viajaba en coche al lugar donde debía recojerlo, sonó su móvil. Era Quim Monzó. Monzó, a quien Baluenas apenas conocía, le dijo que había leído en la prensa que había ganad o el premio con un libro titulado El mejor de los mundos, y que estaba desolado, porqué ese era precisamente el título del libro que él iba a publicar en unos meses. Baluenas comprendió al instante que su título era mucho menos definitivo para él que para Monzó, y se puso a buscar una solución, pero fue Monzó, que guarda en una carpeta decenas de títulos sin amo para usarlos o registrarlos algún día, quien se la dió, y durante los los 20 minutos que precedieron a la entrega solemne del premio le estuvo leyendo por teléfono su arsenal de títulos, hasta que, cuando ya estaba a punto de subir al escenario para recoger el premio, llegó la felicidad, y en ese momento Baluenas comprendió que ese había sido siempre el título de su libro, sólo que él había sido incapaz de encontrarlo, y comprendió también que tal vez no son los escritores los que buscan títulos, sino los títulos los que buscan a los escritores. Puede que no estuviese equivocado.

El Pais Semanal. 5/9/03

dijous, de setembre 04, 2003

Dijous, 4 de Setembre

Marte


Clara Sánchez

Si Marte no existiera, no existiría el capitán Wilder de Crónicas Marcianas (Ray Bradbury) extrañado ante su propia existencia en un planeta que no comprende, pero cuyo misterio respeta. No existirían sus marcianos espectrales con rostros de plata, orejas talladas en oro y labios adornados con rubíes conduciendo naves sobre mares de arena. No existirían sus canales, sus colinas azules, sus casas con columnas de cristal, sus libros de metal. Y no existirían los invasores terrícolas atolondrados e ignorantes cuyo fin es trasladar con ellos su propia civilización de gasolineras y hamburgueserías porque son incapaces de salir de la rutina y la costumbre. Porque más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. A veces a alguno de estos terrícolas, por un ataque de ira o por diversión, le da por destruir alguna de las milenarias ciudades ajedrezadas y blancas que caen fulminadas en el fondo del tiempo. Porque son capaces de viajar miles de millones de kilómetros y sin embargo no viajar en el conocimiento, salvo el capitán Wilder y algún otro personaje a los que Bradbury salva de la estupidez humana para poder salvarnos a todos.

Vano esfuerzo porque ni siquiera hace falta ir hasta Marte para hacer lo que haríamos en Marte. Basta con invadir un país, que esté suficientemente lejos, con una religión distinta a la nuestra, donde se vista de forma diferente, con desiertos por donde podrían navegar barcos de arena y donde se conserven vestigios del origen de nuestra civilización que en medio del caos creado serían expoliados o destruidos. Pongamos que se llama Irak, aunque se trata de una hazaña repetida por los terrícolas a lo largo de toda su historia allí donde haya una tierra marciana de la que apoderarse. En este Marte llamado Irak, convertido en un vertedero de municiones, los saqueadores marcianos mueren por decenas. Lamentablemente allí la versión real del capitán Wilder es el teniente Bishop escandalizado porque estos marcianos empobrecidos "son avariciosos. Trocean las carcasas para fundir los metales y venderlos. Son descuidados, fuman mientras trabajan, lo que es extremadamente peligroso", y por eso mueren, vaya gente.

Ahora que Marte está tan cerca lo observamos babeantes, quizá porque brilla como las joyas marcianas y porque sabemos que algún día será nuestro.

El Pais/ 4-9-03

divendres, d’agost 22, 2003

Divendres, 22 d'agost

Les àrees de descans d'un text

 Punts d'articulació, punts d'interès, punts de fricció, àrees de servei, de descans, bombones d'oxigen, parada i fonda... són algunes de les tasques encomanades als punts d'un text. Permetre la mobilitat , centrar l'atenció, oferir descans, agafar aire, estirar les cames i desfer-se d'informació innecessaria per no perdre'ns al llarg d'un viatge rematat per un discret punt i final. Javier Sampedro ens ho explica d'una manera molt més detallada i divertida en el seu article:


El significado de los puntos

La lingüística está intentando meter sus analíticas zarpas en la narrativa, y lo malo es que detrás de la lingüística suelen venir, enganchadas como cerezas, la psicología experimental, la neurobiología y las ciencias de la computación. Una de las claves de este empeño destripador está en el significado del punto.

Tomen este ejemplo: "Yo no puedo ir. Tú sí". El punto aquí significa que la primera frase y la segunda expresan hechos simultáneos, o simultáneamente ciertos, y podría sustituirse por la conjunción y sin mayores problemas. Ahora veamos éste: "Yo no puedo ir. Estoy enfermo". El punto ahora significa que lo segundo es la causa de lo primero, y se podría sustituir por porque. Vamos a otro: "Estoy enfermo. No puedo ir". Ahora la causa no es lo segundo, sino lo primero, y el punto hay que sustituirlo por así que. "Marchand entró en mi despacho. Quería discutir sobre la lesión cerebral de Kant". El punto aquí es una elipsis temporal. "Marchand entró en mi despacho. Le miré. El tipo estaba nervioso". Los puntos ahora son empalmes de montaje típicos de cualquier secuencia cinematográfica: plano general de Marchand entrando, plano mío levantando la vista, primer plano de Marchand sudando sus nervios.

La gramática de la narrativa, como se ve, depende mucho del significado del punto: es una gramática que salta sobre las frases, pero que tiene sus normas sintácticas. Para demostrar que esas normas existen, el lingüista Ray Jackendoff se las salta en el siguiente ejemplo, tomado de Foundations of Language (Oxford University Press, 2002): "Érase una vez un pato que vivía con un armadillo junto a una estación de bomberos. En la estación vivía un perro llamado Spot que había nacido en una granja de Florida. Sus padres pertenecían a Harry Thistlethwaite, un plantador de tabaco. Un día, Harry estaba dando un paseo cuando vio a una niña que bajaba por la calle. Se llamaba Mónica, y tenía diez años. Mónica poseía tres paraguas fabricados por una empresa de Singapur que había quebrado cuatro años antes...". Bueno, basta con eso. Cada frase es correcta, y está enlazada con la siguiente, pero eso no cuela como historia ni en una comisión de investigación. De hecho, se parece bastante a ese magnífico rap de de Pablo Motos y sus muchachos: "Tamayo llama a Verdes y Verdes a Tejada y juntos van sumando puntos MoviStar".

A ver si podemos mejorar a Jackendoff: "La primera vez que vi a Jean-Christophe Marchand, el tipo estaba hecho un manojo de nervios a la entrada del despacho de Michael Gazzaniga, en el ala norte del Darmouth College. Un estudiante le había escrito las indicaciones para llegar allí, y Marchand tenía aún la hoja de papel agarrada con su mano izquierda como si fuera el plano del tesoro. Gazzaniga se le quedó mirando. Tendría 30 años, pero las ojeras le estaban llevando al borde de la jubilación. La chica que venía con él no tenía ojeras. Tampoco estaba nerviosa, ni tenía por qué. Gazzaniga la recordó de pronto. Esta vez no la dejaría escapar con la llave". Ahora sí. Los puntos no son ya meras conjunciones copulativas. El primero significa "unas horas antes"; el segundo, "volvemos al presente y les voy a enseñar lo que ve Marchand". El tercero, "les voy a enseñar lo que ve Gazzaniga"; el cuarto, "aunque no se lo haya dicho, una chica acaba de entrar por la puerta". El quinto, "Gazzaniga rebusca en su memoria", y el sexto es un flash back implícito.

Ésos son los nexos sintácticos de la narrativa: los que convierten toda la secuencia en una sola oración compuesta, en la que cada frase establece con todas las demás relaciones sintácticas de larga distancia, como los elementos de una oración simple. Punto.

El pais/ 22-8-03




diumenge, d’agost 17, 2003

Diumenge, 17 d'agost

 M'avorreixo, ¿t'avorreixes?, s'avorreix.... Per combatre una mica l'avorriment que ens visita els llargs dies d'estiu, res millor que llegir aquest article d'Elvira Lindo. Ella ens explicarà el que realment hi ha al darrera.

La charla

Me aburro. Y mi santo dice que no sea infantil, que no se me ocurra decir eso delante de los niños, que los adultos no se aburren y que tenemos que dar ejemplo, y que lo que tenemos que decirles a nuestros hijos cuando dicen que se aburren es que eso es consecuencia de que lo tienen todo, que antes los niños no nos aburríamos, que antes los niños no necesitábamos juguetes porque nuestros mayores nos daban la vejiga de un cerdo después del mata-gorrino y nosotros cogíamos esa vejiga todavía caliente, porque entonces los niños no éramos tiquismiquis, y la hinchábamos como una pelota y nos íbamos a la calle, para no molestar a nuestras madres, que estaban hasta las narices de nosotros, y allí nos quedábamos dándole patadas a la vejiga hasta que nos dejaban volver a entrar o hasta que la vejiga explotaba y entonces nos tirábamos piedras y siempre había unos que daban y otros que recibían, y nosotros éramos de los que recibíamos, pero no por ello éramos menos felices porque eso nos endurecía el carácter; también éramos los últimos que pedían los capitanes cuando echaban a pies para jugar a un rescate porque éramos los torpes, gordos y feos, pero no nos importaba porque eso nos convertía en niños soñadores que se quedaban en su cuarto leyendo hartos de recibir pedradas y entonces las madres entraban en los cuartos y decían, qué raro eres, hijo mío, nada más que leyendo y leyendo, y mira los otros niños qué bien se lo pasan y ya han venido veinte veces a preguntar si sales, y tú le decías a tu madre, sí, vienen a buscarme para tirarme piedras, y las madres decían, mira que eres maniático, con lo que te quieren los niños, y las madres nos tomaban una manía tremenda; a las madres les hubiera gustado que hubiéramos sido de los que pegaban las pedradas, no de los que las recibían, porque las madres querían lo mejor para nosotros y a los otros niños que les dieran por saco, y el día en que nos atrevíamos a pegar a otro niño, aunque fuera a otro que era más tontico todavía que nosotros, nuestras madres nos aplaudían desde la ventana para animarnos en nuestra recién inaugurada carrera delictiva, pero nosotros ya no le volvíamos a pegar a nadie, porque el tontico nos daba una gran pena y volvíamos a encerrarnos en nuestra habitación con ese único libro que nos habían traído los Reyes, y tu madre le decía a otras madres estoy por coger el libro y tirarlo a la lumbre (decía en invierno), o tirarlo al pozo (en verano), y las otras madres decían, mujer, ya se le pasará.

Y así se han hecho los grandes artistas, a fuerza de pasar horas y horas en la misma habitación con el mismo libro de Verne de las narices, les dice mi santo a los niños. Y los mastuerzos le miran melancólicamente sujetando en sus manos el libro que están sujetando entre sus manos este verano. Galdós, Eco, Camus, qué nivelazo, dicen las visitas cuando los ven arrastrar el libro de un sofá a otro. Nosotros callamos la verdad: van a párrafo por día. Ay, la verdad, queridos amigos. En la intimidad de la alcoba le digo a mi santo: "¿De verdad que no te aburrías tardes y tardes en la habitación con el dichoso libro?". "Pues claro que me aburría, a ver si te crees que soy imbécil, ahí empezó mi feroz carrera de onanista". Acabáramos.

El Pais (13-08-2003 )

diumenge, d’agost 10, 2003

Diumenge, 10 d'agost

Somni d'una nit d'estiu

 Jeure a la platja sobre un llençol de sorra, contemplar fotogrames incandescents en la pantalla del cel. Adormir-se sota la mirada riallera de la lluna amb la banda sonora del mar. El somni d'una nit d'estiu que molts han perseguit. Manel Vicent recorda el seu i vol que el compartim amb ell.


Ens quedem

Los primeros gritos de libertad que recuerdo no se distinguían del deseo de placer y se producían cada año a la caída del sol en la playa el día de la Virgen de Agosto. En la arena había carros de labranza con toldos y algunas tartanas; los caballos y las yeguas ya habían sido lavados entre la espuma de las olas y, cuando la tarde iba dejando el cielo rayado con los primeros murciélagos que parecían de almíbar, en cada familia el padre tenía que tomar la decisión de abandonar el mar para volver a casa. En ese momento se establecía una lucha. Al día siguiente se celebraba la fiesta de San Roque, abogado contra las pústulas, y en esta parte del Mediterráneo esa jornada también se dedicaba al asueto, con muchas paellas campestres e infinitas sandías abiertas. La lucha consistía en conseguir que el padre atendiera las súplicas de los niños que querían pasar esa noche en el mar bajo las estrellas durmiendo al socaire de las barcas varadas. A veces esta pugna duraba toda la tarde y se acompañaba de muchas lágrimas. No todos los padres transigían. Si por fin, después de muchos ruegos, alguno cedía, en el entorno del carro o de la tartana afortunados se producía una alegría frenética y los niños clamaban: "¡Ens quedem, ens quedem!". ¡Nos quedamos, nos quedamos! era el grito de libertad, y su eco se extendía a lo largo de toda la playa entre los grupos apostados alrededor de las canastas con viandas; y, lo mismo que las detonaciones se multiplican por simpatía, esa explosión de placer infantil hacía que otros padres se rindieran también en aquel combate. Conquistar por primera vez toda una noche en el mar sin más frontera que la luz del sol que nacería del agua al día siguiente me produjo una sensación de ebriedad que aún hoy me llega al fondo del corazón. En ese momento en la arena se batía en retirada el ejército derrotado, que se componía de todos los niños obligados a volver a casa. Las tartanas y carros de labranza partían hacia el pueblo cargados de sollozos mientras a orilla del mar otros niños felices y victoriosos seguían gritando: "¡Nosotros nos quedamos, nosotros nos quedamos!". Haber conseguido la noche en el mar para perder la identidad en las olas oscuras hasta encontrar el sol sobre los párpados dormidos fue la primera libertad que obtuve en este mundo. Al día siguiente, festividad de San Roque, vendría el perfume del sofrito de conejo que se confundiría con la brisa salada y el azul bruñido, y con estos elementos sagrados se iría construyendo el alma.

(El Pais/ 10-8-03)


dissabte, d’agost 02, 2003

Dissabte, 2 d'agost

Respostes a l'atzar

 ¿On és la gent? ens preguntem sovint quan esperem algú, ens trobem perduts o tenim l'estranya sensació d'estar sols al món. Per sort, la gent, tard o d'hora, arriba. Potser no és la que volíem, però què hi farem.
Quan aquesta pregunta té un abast molt més ampli perquè el que vol saber és si no estem sols a l'univers, l'únic que ens arriben són respostes a l'atzar. Javier Sampedro ens en proposa algunes en el seu article:

La paradoja de Fermi


Un mediodía del verano de 1950, el gran físico italiano Enrico Fermi salió de su laboratorio de Los Álamos para ir a comer con sus colegas Ed Teller, Herbert York y Emil Konopinski. La fiebre de avistamientos de ovnis y abducciones por marcianos estaba en lo más alto en Estados Unidos, y los cuatro científicos no pudieron evitar la conversación mientras esperaban sus platos. ¿Serían los marcianos los responsables del gran número de cubos de la basura que estaban desapareciendo en Nueva York (otra de las serpientes de aquel verano)? ¿Es posible que un platillo volante supere la velocidad de la luz? Al llegar la comida, Teller, York y Konopinski derivaron hacia asuntos más terráqueos, pero Fermi se quedó pensativo, con la cara que ponía cuando calculaba mentalmente. De pronto dejó a sus colegas con el tenedor en la boca al preguntar: "¿Dónde está todo el mundo?".

El cálculo mental de Fermi debió de ser algo así: si nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene cerca de 400.000 millones de estrellas, de las que la mitad pueden tener planetas, de los que una parte estarán a una razonable distancia de su sol, y si la Tierra es un planeta medio que gira en torno a una estrella vulgar en una zona mediocre de un brazo galáctico que no tiene nada de particular, y en la Tierra surgió la vida, la inteligencia y la civilización, lo mismo debería haber pasado en otros miles, tal vez millones de planetas de la Vía Láctea, y no ahora, sino hace miles de millones de años. Colonizar la galaxia es laborioso, pero no debería llevarle a una civilización avanzada más de unos cuantos millones de años. Por tanto, los extraterrestres deberían estar ya aquí, o al menos deberían llegarnos sus señales. ¿Dónde están? ¿Dónde está todo el mundo? Ésa es la paradoja de Fermi.

El físico español Francisco Ynduráin dedicó un delicioso libro al asunto en 1997 (¿Quién anda ahí?, editorial Debate). Pero Stephen Webb, un profesor de física de la Open University británica, acaba de rematar la faena con Where is everybody? (Copernicus Books, Nueva York, 2002), una minuciosa compilación de las 50 posibles soluciones a la paradoja de Fermi. He aquí cuatro de ellas:

1. Los terrícolas llevamos ya 40 años escuchando a las estrellas, y no hemos detectado ni un miserable estornudo marciano. Pero tal vez es que todo el mundo esté haciendo lo mismo -escuchar- y aquí no mande señales ni Dios.

2. Una variante de la anterior: para ellos somos un zoo, y se limitan a observarnos los domingos por la mañana.

3. Llegaron aquí hace 4.000 millones de años y sembraron la Tierra de bacterias que luego evolucionaron: los extraterrestres existen, y somos nosotros.

4. No existen. La evolución de la inteligencia no es tan fácil como creen los neoliberales, y nosotros somos los primeros de la galaxia en haberla logrado.

Puede ser un buen ejercicio playero encontrar nuevas soluciones a la paradoja de Fermi. Yo me permito aportar tres:

1. Nuestra primitiva tecnología ya es capaz de descubrir planetas en otras estrellas, y dentro de poco podrá saber cuáles de ellos tienen agua. Cualquier civilización extraterrestre igual de torpe que nosotros debió conocer que la Tierra existía, y que tenía agua, hace al menos 3.000 millones de años. Por tanto, no nos mandan señales porque ya saben que estamos aquí, y no es cosa de gastar saliva electromagnética de una manera tan estúpida.

2. Sus biólogos son un poco mejores que los nuestros, y ya han eliminado el envejecimiento y la muerte. Los extraterrestres no se mezclan con nosotros porque somos mortales, y eso nos hace peligrosos, antipáticos, correosos, qué se yo.

3. No somos la primera inteligencia que ha aparecido en la Vía Láctea, sino la última. Hemos tardado tanto en evolucionar que todos los demás ya se han ido de este petardo de galaxia.

Crónica: Ciencia recreativa / 2 (EL PAIS / 02-08-2003)

dissabte, de juliol 26, 2003

Dissabte, 26 de juliol

Estiu

summertime/Hopper Vicente Verdú reflexiona sobre la vida comparant-la a un llarg estiu. Bé, va d'això i també de com treure el màxim profit dels petits instants sense pensar en l'abans i el després. Aquest article és la seva manera de dir-nos com se sent després de la mort de la seva parella.


Verano

La vida es, en el mejor de los casos, como un mes de verano. Tan corta como unas vacaciones, pero, en apariencia, interminable como la falsa sensación que se recibe en sus comienzos.

Cuando, en una sociedad religiosa, la existencia conllevaba una dimensión trascendente, los años de vida se engastaban en la duración eterna y, significativamente, constituían un pasillo obligado para ingresar en el más allá. Ahora, sin embargo, sin significado trascendente, el único sentido de vivir es la inmanencia. Lo inminente es lo eminente. Y nuestro afán, siendo cabales, debía depositarse a la fuerza en cada pequeño instante sin necesidad de evocar el siguiente o el anterior. Es decir, sin inquietud por crear un proceso y, en consecuencia, un vano camino hacia la cima ideal. Fijarse en cada momento como un absoluto no es profesar vitalismo alguno ni se trata de asumir una posición activa, sino tan sólo de defenderse. O de cumplir, en fin, con el simulacro de que vivir vale la pena; la pena de vivir.

Ciertamente, la experiencia de la vida resulta a veces tan venial y desprendida de consciencia como un mes de vacaciones: vivida haciendo planes de excursiones mientras se pierde de vista, de sabor y de tacto, lo único verdadero: el instante de vivir y de morir, en un instante.

Como consecuencia de esa negligencia, el tiempo se cuela entre las manos sin densidad, de manera que al presentarse la muerte no le podemos oponer nada. La muerte nos desprecia tanto más cuanto más la ignoramos y nos aparta así fácilmente para abrirse camino como un autómata. Ser muy humano es, por el contrario, investirse de la mayor mortalidad. Saberse tan fatal, vulnerable y perecedero como digno del mayor cuidado. Incluso de esta manera los días del verano transcurren imprevisiblemente veloces. Tan apresurados, que ese intervalo dorado de la vacación se desvanece entre un innumerable catálogo de décadas y eras. Indiferente a nuestra atención, ajeno a nuestro entrañamiento, cerrado a los deseos del corazón. El tiempo gigante impera sobre las biografías y, al cabo, el mundo sin destino se revela como una bruñida esfera que al seguir girando perfecciona su olvido y su abstracción.

(El Pais, 26-7-03)


divendres, de juliol 11, 2003

Divendres, 11 de juliol

 Aquests dies, arrel de la mort de les simeses iranianes, a molts ens ha passat pel cap com es pot viure tota una vida compartint part del cos amb una altra persona, no saber ben bé on comences tu i acaba l'altre. Bé, elles eren les úniques que ho sabien prou bé i per això van decidir separar-se. Juan José Millàs parla d'això en el seu article El velo


Las siamesas fallecidas usaban un velo para las dos cabezas. En un mundo de oraciones gramaticales simples, Ladan y Laleh eran una oración gramatical compuesta. Ni se entendían ni las entendíamos, aunque las leíamos mecánicamente, como los niños el catón, cada vez que aparecían en la tele. Aunque no las comprendiéramos, nos fascinaba el sonido de sus vocales, el sabor de sus consonantes. Nos sorprendía el hecho de que la oración terminase de un modo idéntico al que comenzaba. En cierto modo, eran como un juego de palabras del que ellas mismas estaban hartas. Sólo podían verse la una a la otra a través de un espejo, como esas frases escritas al revés donde aparece la solución al crucigrama. Llevaban 29 años intentando descifrarse por los cauces normales hasta que dijeron hasta aquí hemos llegado: vengan los cirujanos.

La cirugía siempre implica un fracaso. Cuando hay que abrir con un cuchillo, es porque no se ha encontrado la cerradura o porque no hemos dado con la combinación secreta. No sabemos cuál era la combinación secreta de esas dos chicas que siendo completamente diferentes eran completamente iguales. Si no sabemos qué queremos decir cada uno de nosotros, cuya simpleza salta a la vista, ¿cómo averiguar el sentido de esas dos mujeres que cada vez que salían por la tele nos ponían contra las cuerdas del significado? Para evitar las grandes preguntas, nos interrogábamos acerca de las cuestiones de orden práctico: cómo comerán, cómo montarán en bicicleta, cómo se vestirán, cómo se peinarán, cómo resolverán sus asuntos íntimos sabiendo que las ideas de la una pasaban tan cerca del perímetro por el que circulaban las ideas de la otra.

Total, que fueron a los médicos y les pidieron que les desataran el nudo del velo común. Querían tener un velo cada una, una cabeza cada una, un peinado cada una, una profesión cada una, unos horarios cada una: una existencia distinta, en fin, cada una de las dos. Cualquiera de nosotros habría hecho lo mismo, aunque las probabilidades fueran tan escasas. Cumplieron el sueño de ser dos al precio de no ser ninguna. No quisiera estar en la piel de quienes tengan que decidir si enterrarlas juntas o separadas. ¿Qué habrían preferido ellas?

El Pais 11-7-03

dimarts, de juliol 08, 2003

Toni Sala publica una autobiografía literaria de 'Copito de Nieve'

'Goril.la blanc' repasa en primera persona la aventura del primate

JACINTO ANTÓN - Barcelona


Jordi Sabater Pi, el hombre que lo adquirió en Guinea y que lo considera animal más bien de poco seso, se sorprenderá ante el retrato de Copito de Nieve que traza el escritor Toni Sala en Goril.la blanc (Edicions 62), las supuestas memorias del cautivo primate. Sala, que sigue de manera pormenorizada la peripecia vital de Copito, presenta a un gorila filósofo que reflexiona como un Segismundo hirsuto y albino. El libro, que llega hasta la actualidad, con lo que Copito puede referirse a la polémica desatada por el futuro de sus propios restos (taxidermia o cremación), arranca con el lejano día de la captura del gorila blanco, entonces una cría. Sala describe -siempre desde el punto de vista del animal- la selva y la existencia prístina de los gorilas y el horror de la trágica jornada que acaba con el protagonista preso y la familia abatida a tiros y machetazos para convertirse en pitanza de los hombres. Los encuentros con una niña fang albina y con Sabater Pi en Ikunde son el preludio de una larga relación con los humanos que incluye a Porcioles, Dalí, Pasqual Maragall, Italo Calvino o Joan de Sagarra, por el que el Copito del libro siente especial atracción.

La vida en el zoo ocupa, como puede suponerse, la mayor parte del libro, y desde su celda -con alguna escapadita- Copito va pasando revista a los acontecimientos de la época, a veces en un tono irónico no exento de amargura, lo que es lógico si a uno le aplican la electroeyaculación. También explica sus vicisitudes familiares y va acumulando mientras envejece una costra de resignación y una clarividencia existencial dignas de Diógenes.

"Me interesa más la literatura que la historia, y así ha salido el libro", explica Sala. "Era un encargo e inicialmente se planteaba como un repaso a la trayectoria de Copito. De hecho el trabajo de documentación ha sido exhaustivo y hasta he viajado a Guinea. Pero mi terreno es la literatura y por eso le he dado esta forma de memorias; no he pretendido otra cosa que hacer literatura, lo que no es óbice para que todo lo que se explica sea verdad, excepto por el detalle de que los gorilas no hablan". Ha salido un Copito muy pensador digno del Informe para una Academia. "Bueno, desde luego ha tenido tiempo para pensar. No creo que los gorilas sean muy diferentes de los seres humanos y si pudiera hablar seguramente expresaría sus sensaciones de privación de libertad, de soledad y de añoranza de manera muy parecida a nosotros".

(EL PAIS | Cataluña - 20-06-2003 - 00:00)