divendres, de novembre 21, 2003

Divendres, 21 de novembre


Self-service


Declaracio dels drets humansLa declaració dels drets humans reconeix que tothom és lliure de triar la seva nacionalitat. No ho entenen pas així els estats que han construït la seva història a base d'arrabassar la dels altres.

Els resultats de les eleccions catalanes del 16 de novembre han tornat a posar aquest dret sobre la taula. Tots el desitjàvem. Però sembla que l'Estat espanyol continua posant un únic plat a taula i desprecia els altres.Juan José Millás es queixa d'aquest règim de pa i aigua per a tots, i planteja que algú inventi una altra nacionalitat on pugui demanar asil.




Nacionalidades

Lo diré sin ambages (qué rayos querrá decir ambages): si yo dispusiera de un nacionalismo alternativo que me protegiera del nacionalismo casposo, inculto, pendenciero y sudado del PP, me refugiaría bajo su techo hasta que pasara esta tormenta histórica. Y eso que no soy nacionalista. Dejen, pues, de echarse la culpa unos a otros por el ascenso de ERC en las elecciones catalanas. Si no hubiera más remedio que pertenecer a una nación, yo no sé a cuál me apuntaría, pero sí de la que saldría huyendo como de la peste: de la España rencorosa de Aznar, de la España taimada de Rajoy, de la España mentirosa de Arenas, de la España matona de Cascos, de la España agresiva de Ana de Palacio, de la España meapilas de Michavila o Acebes, de la España machista de Zaplana, de la España tétrica de Fraga Iribarne, de la engominada de Piqué... Si la tensión con los llamados nacionalismos periféricos no ha hecho más que aumentar a la sombra de la mayoría absoluta del PP, quizá sea porque a veces no sabemos lo que queremos, pero tenemos muy claro lo que no y lo expresamos de ese modo.

Por otra parte, si yo fuera un votante de ERC, estaría indignado por el modo en que se refieren a esta formación las autoridades. Hablan de ella como de un tumor que le hubiera salido al sistema cuando, que yo sepa, se trata de un partido legalmente constituido que tiene, como todos, la aspiración legítima de ser votado y gobernar. Quiere decirse que los cientos de miles de señoras y señores que han escogido a esa formación no deberían ser tratados por los representantes del Gobierno central como agentes infecciosos, sino como adultos responsables que han elegido la opción que les venía en gana porque creían que esto era una democracia.

Se empieza con referencias despectivas a "los comunistas" y se acaba negando el pan y la sal al otro. Lo malo es que cada día es más fácil caer en la condición de otro: basta con que te produzca un escalofrío la oquedad intelectual de Bush, el acento tejano de Aznar, el expediente de regulación de empleo de Antena 3, o el desparpajo político de Esperanza Aguirre, encantada en su papel de fotocopia. A ver si alguien inventa una nacionalidad otra en la que pedir asilo.

El Pais/ 21-11-03

dissabte, de novembre 08, 2003

Dissabte, 8 de novembre


Juan José Millás


Diario



illaMi marido le regaló a mi hijo un recipiente de plástico con una islita, también de plástico, en cuyo centro se yergue una palmera de plástico. Lo lógico es que en su interior viviera una tortuga de plástico, pero vive una de verdad. Cuando mi hijo se va al colegio, le cambio el agua y la observo nadar. Tras el ejercicio, se sube a la isla, se coloca debajo de la palmera y extiende el cuello y las patas como si estuviera tomando el sol del Caribe, aunque la habitación de mi hijo es muy oscura. La muy tonta no se ha dado cuenta de que todo lo que le rodea es de mentira. "¿Pero por qué no te cortas las venas?", le pregunto yo imaginando lo horrible que tiene que ser el paisaje que se ve desde la isla de plástico, incluida mi cara, que a esas horas parece la de una muerta.

Pero no se corta las venas. Lleva con nosotros tres años y ha sobrevivido a suplicios que me da vergüenza relatar. Ello pese a que la trato como me gustaría que me trataran a mí si fuera un galápago. Estos primeros días de frío, por ejemplo, le pongo el agua a la temperatura del Caribe (nunca he estado allí, pero me lo imagino) y de vez en cuando, en lugar de la típica comida de tortuga, le echo carne picada, que le gusta con locura. Lo de la carne picada lo descubrí por casualidad, un día que estaba haciendo albóndigas y me la llevé a la cocina para tener un poco de compañía. La verdad es que aunque por un lado da gusto ver cómo se la come, por otro da miedo. La otra noche me desperté y fui al cuarto de mi hijo para comprobar que él estaba entero y ella dormida.

El jueves, mientras preparaba uno de los primeros cocidos de la temporada, me vi separando instintivamente un trozo de carne de morcillo para el bicho y me pregunté por qué me había identificado con él de esa manera. Al principio no encontré respuesta, pero luego, al asomarme al patio para tender la ropa y ver el panorama, me di cuenta de que también yo vivía en un recipiente artificial tan siniestro como el de la tortuga. Se me puso un nudo de angustia aquí y me pregunté por qué no me cortaba yo las venas. "Porque nadie se las corta, imbécil", dijo la tortuga desde su islita de plástico, con su pico de loro. Supongo que sería una alucinación.

El Pais/7-11-03

divendres, d’octubre 31, 2003

Dissabte, 1 de novembre


Atmosfera mental


atmosfera Pensar és l'activitat que ens singulatiza de la resta d'espècies animals del planeta. Però no cantem victòria: el contigut i finalitat dels nostres pensaments són intents solitaris de copsar la realitat. I fins i tot filosòsofs, literats, cineastes només han arribat a reflectir-la a trossos. La possibilitat que estiguem envoltats d'un pensament que som incapaços pensar, de la mateixa manera que estem envoltats d'una atmosfera que som incapaços de veure, és la reflexió que fa Juan José Millás en aquest article. (Una pensada que podem afegir a l'atmosfera de pensaments que ens pensen).

Destrozos


La condición para que algo nos resulte invisible es que nos rodee. No vemos, por ejemplo, la atmósfera porque estamos sumergidos en ella. Los astronautas, en cambio, aseguran que es una especie de tul entre gaseoso y líquido que nos envuelve como un papel de regalo. Allan Poe demuestra en La carta robada que el mejor modo de ocultar un objeto es colocarlo a la vista. Cabe preguntarse si la ceguera que padecemos respecto a la atmósfera y a las cartas robadas es semejante a la que sufrimos respecto a las ideas. ¿Estaremos envueltos por una idea dominante que no somos capaces de pensar? De ser así, ¿en qué espacio mental tendríamos que colocarnos para que esa idea envolvente se nos hiciera tan palmaria como la atmósfera a los astronautas?

Llevamos siglos intentando hallar un punto de vista original desde el que observar la realidad. La literatura y el cine nacen seguramente de esa aspiración. ¿Dónde pongo la cámara?, se pregunta el director de cine en cada escena. La cámara se ha puesto ya en todas partes, a veces con resultados estremecedores, pero desde ninguna posición hemos logrado ver la "atmósfera" mental que daría respuesta a todas las preguntas. Los filósofos, por su parte, se colocan en las posturas más extrañas que quepa imaginar para mirar la vida. Los ha habido capaces de desmontar la realidad como se desarma un traje, pero ninguno ha dado todavía con un hallazgo tal que nos permitiera dejar de pensar, pues se piensa para eso: para dejar de hacerlo.

El descubrimiento de que estamos rodeados de una atmósfera que no podemos ver debería inducirnos a sospechar que estamos envueltos también por un pensamiento que somos incapaces de pensar y en el que es probable que hayamos hecho destrozos parecidos a los perpetrados en la capa de ozono. Ello explicaría lo mal que van las cosas y la naturalidad con la que hemos abandonado la dirección del universo a un grupo de paranoicos. La pregunta es si nos matará antes el agujero de ozono o el lógico. Yo preferiría que me matara el de ozono. Tal vez en el momento mismo de morir se aprecie, como desde el interior de una nave espacial, la materia de la que está hecho el otro.

El Pais/ 31-10-03

dissabte, d’octubre 18, 2003

Dissabte, 18 d'octubre


Temps activat


temps El temps és la mesura de totes les coses. Les embolca, les sosté i les escampa per tornar-les a reunir. Vicent verdú ens parla d'això en el seu article "Tiempo". I com si fos cosa de l'atzar avui Manuel Vazquez Montalban ens ha deixat el seu temps viscut mentre esperava el seu vol en la sala d'espera d'un aeroport internacional. Recollim-lo i disfrutem-lo com un gran regal.


El tiempo

Llegará un día en que no será necesario desintegrar los átomos o quemar barriles de gasóleo, sino que toda la energía procederá de la misma escena universal rezumando su fluido sobre la existencia. En esa escena el tiempo se revelará como elemento crucial para producir, curar, elevar, impulsar y desarrollar cualquier innovación humana. Hasta ahora, el tiempo ha funcionado eficaz y obsesivamente para darnos muerte, pero ¿cómo no suponer que esa potencia tremenda podría acaso encauzarse en otras direcciones?

La historia de la ciencia ha ensayado con la inversión de la flecha del tiempo, pero hasta hora su marcha ha seguido en apariencia la dirección del fin, el estibado fatal de los cuerpos y las almas en cuyos mausoleos se van acumulando toneladas y toneladas de un tiempo inactivo. Un tiempo convertido en residuo, desprovisto de misión y sólo hábil, a través de la memoria, como generador de dolor y melancolía. ¿Cómo no rebelarse pues ante esta triste superproducción? Más que la energía de los rayos solares, más que el empuje del viento o de las olas, más devorador que una hoguera, el tiempo puede constituirse en el carisma de la potencia futura. Tiempo no para envejecer o perecer al estilo que introdujo el medievo, sino para perdurar colectivamente, y sin tasa, a través de su fluido purificado de siniestralidad.

A derecha e izquierda de nuestra presencia material, un enjambre de transparencias nos sostienen y nos abrazan, nos hacen perder el sentido o nos disgregan. Pero esta envoltura no debe ser en absoluto incontrolable y fatal, por invisible que sea. Las influencias positivas son tanto más determinantes cuanto menos alcanzamos a detectarlas, como es tanto más potente la luz cuando por su extrema claridad nos deslumbra y no conseguimos verla. El mundo que persiste fuera de la percepción acoge, sin duda, las energías límites. Energías descomunales, sobrehumanas, tan decisivas en su actuación que serán capaces de alterar nuestra naturaleza. Hacernos morir pero también reforzarnos mediante saltos en la especie. Saltos de envergadura para toda la condición humana y a los que sólo podría contribuir la aún ignorada y bondadosa complexión del tiempo.

El Pais/ 18-10-03

diumenge, d’octubre 05, 2003

Diumenge, 5 d'octubre

Títols a la recerca d'autor


llibres Un llibre sense títol seria com una persona sense cara. El que ens permet recordar-lo quan pensem en ell. Per això és important trobar-ne un de bon. De vegades aquesta tasca no és tan fàcil i l'autor, quan ja té el llibre escrit, encara està pendent d'un títol. Javier Cercas ens explica que no cal desanimar-se perquè la majoria de les vegades sempre hi ha un títol buscant un autor.

Se busca escritor

Javier cercas


Una de las torturas más despiadadas a las que debe someterse un escriptor consiste en buscar nuevos títulos a sus escritos. Umberto Eco asegura que el mejor título de la literatura universal es Los tres mosqueteros, porqué los mosqueteros de la novela inmortal de Dumas en realidad no son tres, sino cuatro. Es verdad, a menudo, cuanto más desorientador o más ambiguo, cuanto menos relación directa guarde con el contenido real del libro, mejor es el título. Claro que lo normal es que un buen escritor sea un buen titulador; pero todos conocemos libros malísimos que llevan títulos buenísimos, y libros buenísimos que llevan títulos malísimos. Marcel Proust puso el título insufrible de En busca del tiempo perdido a uno de los libros más perspicaces que se han escrito nunca, si bien antes de publicarse por entero ese mismo libro llevó un título distinto, aunque no mucho mejor: Las intermitencias del corazón. El caso no es infrecuente: muchos libros llevaron, antes de publicarse, títulos distintos del definitivo, ¿Ejemplos? Limitémonos al castellano; limitémonos a los años sesenta, que fueron una década prodigiosa de la novela en castellano: La ciudad y los perros, de Vargas Llosa, se titulaba originalmente La morada del héroe; Rayuela, de Cortázar; El mandala; Tres tristes tigres, de Cabrera Infante, Vista del amanecer en el trópico, i durante muchos años Cien años de soledad se tituló La casa. No hay discusión, me parece: en esas cuatro obras maestras, los títulos definitivos son superiores a los originales; pero esto siempre no está tan claro: Si te dicen que caí, de Marsé, se tituló originalmente Adiós, muchachos, i La verdad sobre el caso Savolta, de Mendoza, Los soldados de Cataluña, títulos ambos que acaso no son inferiores al definitivo.

Pero no: quizá lo fundamental no es que un título sea inferior o superior a otro, sinó que sea necesario; es decir: que la propia obra, de una forma a un tiempo vehemente y misteriosa, lo exija. En 1996 terminé de escribir una novela cuyo título inapelable era Intemperie, pero en los meses siguientes aparecieron en España una novela y dos poemarios que llevaban exactamente el mismo título. Eufórico, pensé que mi título era muy bueno, porque era imposible que a cuatro compatriotas se nos ocurriera al mismo tiempo el mismo título sin que éste fuera muy bueno; horrorizado, supe que debía cambiarlo. Durante meses de torturas lo intenté: en vano. Un dia, mi amigo Quim Monzó me sugirió uno alternativo: La felicidad. Me pareció un título redondo, así que lo acepté de inmediato y durante meses la novela pasó a titularse La felicidad, hasta que una mañana me desperté con la certidumbre providencial de que ese título magnífico no era el título de mi novela y llegué justo a tiempo para bautizarla con su nombre verdadero: El vientre de la ballena; sólo cautro años despues comprendí que esa intuición de última hora no era equivocada. Fue en 2001, cuando Lluís-Anton Baluenas publicó una novela titulada La felicidad. En cuanto estuvo en las librerías, la compré y la leí; entonces respiré aliviado; mi novela no podía de ningún modo haberse titulado La felicidad, porqué esa sin el menor género de dudas el título que exigía la de Baluenas. Pasó el tiempo. Olvidé el asunto. Pero hace unas semanas, cuando por fin conocí a Baluenas, lo recordé, y lo primero que le dije fue que yo había estado a punto de robarle un título. "¿De veras?", preguntó. Le conté la historia. "Ah", sonrió entonces. "Pero tu historia está incompleta". Baluenas me contó que el título original de su novela no era La felicidad, sino El mejor de los mundos, con el que dos años atrás se había presentado a un premio y lo había ganado. Apenas veinte minutos antes de que se lo entregasen, cuando viajaba en coche al lugar donde debía recojerlo, sonó su móvil. Era Quim Monzó. Monzó, a quien Baluenas apenas conocía, le dijo que había leído en la prensa que había ganad o el premio con un libro titulado El mejor de los mundos, y que estaba desolado, porqué ese era precisamente el título del libro que él iba a publicar en unos meses. Baluenas comprendió al instante que su título era mucho menos definitivo para él que para Monzó, y se puso a buscar una solución, pero fue Monzó, que guarda en una carpeta decenas de títulos sin amo para usarlos o registrarlos algún día, quien se la dió, y durante los los 20 minutos que precedieron a la entrega solemne del premio le estuvo leyendo por teléfono su arsenal de títulos, hasta que, cuando ya estaba a punto de subir al escenario para recoger el premio, llegó la felicidad, y en ese momento Baluenas comprendió que ese había sido siempre el título de su libro, sólo que él había sido incapaz de encontrarlo, y comprendió también que tal vez no son los escritores los que buscan títulos, sino los títulos los que buscan a los escritores. Puede que no estuviese equivocado.

El Pais Semanal. 5/9/03

dijous, de setembre 04, 2003

Dijous, 4 de Setembre

Marte


Clara Sánchez

Si Marte no existiera, no existiría el capitán Wilder de Crónicas Marcianas (Ray Bradbury) extrañado ante su propia existencia en un planeta que no comprende, pero cuyo misterio respeta. No existirían sus marcianos espectrales con rostros de plata, orejas talladas en oro y labios adornados con rubíes conduciendo naves sobre mares de arena. No existirían sus canales, sus colinas azules, sus casas con columnas de cristal, sus libros de metal. Y no existirían los invasores terrícolas atolondrados e ignorantes cuyo fin es trasladar con ellos su propia civilización de gasolineras y hamburgueserías porque son incapaces de salir de la rutina y la costumbre. Porque más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. A veces a alguno de estos terrícolas, por un ataque de ira o por diversión, le da por destruir alguna de las milenarias ciudades ajedrezadas y blancas que caen fulminadas en el fondo del tiempo. Porque son capaces de viajar miles de millones de kilómetros y sin embargo no viajar en el conocimiento, salvo el capitán Wilder y algún otro personaje a los que Bradbury salva de la estupidez humana para poder salvarnos a todos.

Vano esfuerzo porque ni siquiera hace falta ir hasta Marte para hacer lo que haríamos en Marte. Basta con invadir un país, que esté suficientemente lejos, con una religión distinta a la nuestra, donde se vista de forma diferente, con desiertos por donde podrían navegar barcos de arena y donde se conserven vestigios del origen de nuestra civilización que en medio del caos creado serían expoliados o destruidos. Pongamos que se llama Irak, aunque se trata de una hazaña repetida por los terrícolas a lo largo de toda su historia allí donde haya una tierra marciana de la que apoderarse. En este Marte llamado Irak, convertido en un vertedero de municiones, los saqueadores marcianos mueren por decenas. Lamentablemente allí la versión real del capitán Wilder es el teniente Bishop escandalizado porque estos marcianos empobrecidos "son avariciosos. Trocean las carcasas para fundir los metales y venderlos. Son descuidados, fuman mientras trabajan, lo que es extremadamente peligroso", y por eso mueren, vaya gente.

Ahora que Marte está tan cerca lo observamos babeantes, quizá porque brilla como las joyas marcianas y porque sabemos que algún día será nuestro.

El Pais/ 4-9-03

divendres, d’agost 22, 2003

Divendres, 22 d'agost

Les àrees de descans d'un text

 Punts d'articulació, punts d'interès, punts de fricció, àrees de servei, de descans, bombones d'oxigen, parada i fonda... són algunes de les tasques encomanades als punts d'un text. Permetre la mobilitat , centrar l'atenció, oferir descans, agafar aire, estirar les cames i desfer-se d'informació innecessaria per no perdre'ns al llarg d'un viatge rematat per un discret punt i final. Javier Sampedro ens ho explica d'una manera molt més detallada i divertida en el seu article:


El significado de los puntos

La lingüística está intentando meter sus analíticas zarpas en la narrativa, y lo malo es que detrás de la lingüística suelen venir, enganchadas como cerezas, la psicología experimental, la neurobiología y las ciencias de la computación. Una de las claves de este empeño destripador está en el significado del punto.

Tomen este ejemplo: "Yo no puedo ir. Tú sí". El punto aquí significa que la primera frase y la segunda expresan hechos simultáneos, o simultáneamente ciertos, y podría sustituirse por la conjunción y sin mayores problemas. Ahora veamos éste: "Yo no puedo ir. Estoy enfermo". El punto ahora significa que lo segundo es la causa de lo primero, y se podría sustituir por porque. Vamos a otro: "Estoy enfermo. No puedo ir". Ahora la causa no es lo segundo, sino lo primero, y el punto hay que sustituirlo por así que. "Marchand entró en mi despacho. Quería discutir sobre la lesión cerebral de Kant". El punto aquí es una elipsis temporal. "Marchand entró en mi despacho. Le miré. El tipo estaba nervioso". Los puntos ahora son empalmes de montaje típicos de cualquier secuencia cinematográfica: plano general de Marchand entrando, plano mío levantando la vista, primer plano de Marchand sudando sus nervios.

La gramática de la narrativa, como se ve, depende mucho del significado del punto: es una gramática que salta sobre las frases, pero que tiene sus normas sintácticas. Para demostrar que esas normas existen, el lingüista Ray Jackendoff se las salta en el siguiente ejemplo, tomado de Foundations of Language (Oxford University Press, 2002): "Érase una vez un pato que vivía con un armadillo junto a una estación de bomberos. En la estación vivía un perro llamado Spot que había nacido en una granja de Florida. Sus padres pertenecían a Harry Thistlethwaite, un plantador de tabaco. Un día, Harry estaba dando un paseo cuando vio a una niña que bajaba por la calle. Se llamaba Mónica, y tenía diez años. Mónica poseía tres paraguas fabricados por una empresa de Singapur que había quebrado cuatro años antes...". Bueno, basta con eso. Cada frase es correcta, y está enlazada con la siguiente, pero eso no cuela como historia ni en una comisión de investigación. De hecho, se parece bastante a ese magnífico rap de de Pablo Motos y sus muchachos: "Tamayo llama a Verdes y Verdes a Tejada y juntos van sumando puntos MoviStar".

A ver si podemos mejorar a Jackendoff: "La primera vez que vi a Jean-Christophe Marchand, el tipo estaba hecho un manojo de nervios a la entrada del despacho de Michael Gazzaniga, en el ala norte del Darmouth College. Un estudiante le había escrito las indicaciones para llegar allí, y Marchand tenía aún la hoja de papel agarrada con su mano izquierda como si fuera el plano del tesoro. Gazzaniga se le quedó mirando. Tendría 30 años, pero las ojeras le estaban llevando al borde de la jubilación. La chica que venía con él no tenía ojeras. Tampoco estaba nerviosa, ni tenía por qué. Gazzaniga la recordó de pronto. Esta vez no la dejaría escapar con la llave". Ahora sí. Los puntos no son ya meras conjunciones copulativas. El primero significa "unas horas antes"; el segundo, "volvemos al presente y les voy a enseñar lo que ve Marchand". El tercero, "les voy a enseñar lo que ve Gazzaniga"; el cuarto, "aunque no se lo haya dicho, una chica acaba de entrar por la puerta". El quinto, "Gazzaniga rebusca en su memoria", y el sexto es un flash back implícito.

Ésos son los nexos sintácticos de la narrativa: los que convierten toda la secuencia en una sola oración compuesta, en la que cada frase establece con todas las demás relaciones sintácticas de larga distancia, como los elementos de una oración simple. Punto.

El pais/ 22-8-03




diumenge, d’agost 17, 2003

Diumenge, 17 d'agost

 M'avorreixo, ¿t'avorreixes?, s'avorreix.... Per combatre una mica l'avorriment que ens visita els llargs dies d'estiu, res millor que llegir aquest article d'Elvira Lindo. Ella ens explicarà el que realment hi ha al darrera.

La charla

Me aburro. Y mi santo dice que no sea infantil, que no se me ocurra decir eso delante de los niños, que los adultos no se aburren y que tenemos que dar ejemplo, y que lo que tenemos que decirles a nuestros hijos cuando dicen que se aburren es que eso es consecuencia de que lo tienen todo, que antes los niños no nos aburríamos, que antes los niños no necesitábamos juguetes porque nuestros mayores nos daban la vejiga de un cerdo después del mata-gorrino y nosotros cogíamos esa vejiga todavía caliente, porque entonces los niños no éramos tiquismiquis, y la hinchábamos como una pelota y nos íbamos a la calle, para no molestar a nuestras madres, que estaban hasta las narices de nosotros, y allí nos quedábamos dándole patadas a la vejiga hasta que nos dejaban volver a entrar o hasta que la vejiga explotaba y entonces nos tirábamos piedras y siempre había unos que daban y otros que recibían, y nosotros éramos de los que recibíamos, pero no por ello éramos menos felices porque eso nos endurecía el carácter; también éramos los últimos que pedían los capitanes cuando echaban a pies para jugar a un rescate porque éramos los torpes, gordos y feos, pero no nos importaba porque eso nos convertía en niños soñadores que se quedaban en su cuarto leyendo hartos de recibir pedradas y entonces las madres entraban en los cuartos y decían, qué raro eres, hijo mío, nada más que leyendo y leyendo, y mira los otros niños qué bien se lo pasan y ya han venido veinte veces a preguntar si sales, y tú le decías a tu madre, sí, vienen a buscarme para tirarme piedras, y las madres decían, mira que eres maniático, con lo que te quieren los niños, y las madres nos tomaban una manía tremenda; a las madres les hubiera gustado que hubiéramos sido de los que pegaban las pedradas, no de los que las recibían, porque las madres querían lo mejor para nosotros y a los otros niños que les dieran por saco, y el día en que nos atrevíamos a pegar a otro niño, aunque fuera a otro que era más tontico todavía que nosotros, nuestras madres nos aplaudían desde la ventana para animarnos en nuestra recién inaugurada carrera delictiva, pero nosotros ya no le volvíamos a pegar a nadie, porque el tontico nos daba una gran pena y volvíamos a encerrarnos en nuestra habitación con ese único libro que nos habían traído los Reyes, y tu madre le decía a otras madres estoy por coger el libro y tirarlo a la lumbre (decía en invierno), o tirarlo al pozo (en verano), y las otras madres decían, mujer, ya se le pasará.

Y así se han hecho los grandes artistas, a fuerza de pasar horas y horas en la misma habitación con el mismo libro de Verne de las narices, les dice mi santo a los niños. Y los mastuerzos le miran melancólicamente sujetando en sus manos el libro que están sujetando entre sus manos este verano. Galdós, Eco, Camus, qué nivelazo, dicen las visitas cuando los ven arrastrar el libro de un sofá a otro. Nosotros callamos la verdad: van a párrafo por día. Ay, la verdad, queridos amigos. En la intimidad de la alcoba le digo a mi santo: "¿De verdad que no te aburrías tardes y tardes en la habitación con el dichoso libro?". "Pues claro que me aburría, a ver si te crees que soy imbécil, ahí empezó mi feroz carrera de onanista". Acabáramos.

El Pais (13-08-2003 )

diumenge, d’agost 10, 2003

Diumenge, 10 d'agost

Somni d'una nit d'estiu

 Jeure a la platja sobre un llençol de sorra, contemplar fotogrames incandescents en la pantalla del cel. Adormir-se sota la mirada riallera de la lluna amb la banda sonora del mar. El somni d'una nit d'estiu que molts han perseguit. Manel Vicent recorda el seu i vol que el compartim amb ell.


Ens quedem

Los primeros gritos de libertad que recuerdo no se distinguían del deseo de placer y se producían cada año a la caída del sol en la playa el día de la Virgen de Agosto. En la arena había carros de labranza con toldos y algunas tartanas; los caballos y las yeguas ya habían sido lavados entre la espuma de las olas y, cuando la tarde iba dejando el cielo rayado con los primeros murciélagos que parecían de almíbar, en cada familia el padre tenía que tomar la decisión de abandonar el mar para volver a casa. En ese momento se establecía una lucha. Al día siguiente se celebraba la fiesta de San Roque, abogado contra las pústulas, y en esta parte del Mediterráneo esa jornada también se dedicaba al asueto, con muchas paellas campestres e infinitas sandías abiertas. La lucha consistía en conseguir que el padre atendiera las súplicas de los niños que querían pasar esa noche en el mar bajo las estrellas durmiendo al socaire de las barcas varadas. A veces esta pugna duraba toda la tarde y se acompañaba de muchas lágrimas. No todos los padres transigían. Si por fin, después de muchos ruegos, alguno cedía, en el entorno del carro o de la tartana afortunados se producía una alegría frenética y los niños clamaban: "¡Ens quedem, ens quedem!". ¡Nos quedamos, nos quedamos! era el grito de libertad, y su eco se extendía a lo largo de toda la playa entre los grupos apostados alrededor de las canastas con viandas; y, lo mismo que las detonaciones se multiplican por simpatía, esa explosión de placer infantil hacía que otros padres se rindieran también en aquel combate. Conquistar por primera vez toda una noche en el mar sin más frontera que la luz del sol que nacería del agua al día siguiente me produjo una sensación de ebriedad que aún hoy me llega al fondo del corazón. En ese momento en la arena se batía en retirada el ejército derrotado, que se componía de todos los niños obligados a volver a casa. Las tartanas y carros de labranza partían hacia el pueblo cargados de sollozos mientras a orilla del mar otros niños felices y victoriosos seguían gritando: "¡Nosotros nos quedamos, nosotros nos quedamos!". Haber conseguido la noche en el mar para perder la identidad en las olas oscuras hasta encontrar el sol sobre los párpados dormidos fue la primera libertad que obtuve en este mundo. Al día siguiente, festividad de San Roque, vendría el perfume del sofrito de conejo que se confundiría con la brisa salada y el azul bruñido, y con estos elementos sagrados se iría construyendo el alma.

(El Pais/ 10-8-03)


dissabte, d’agost 02, 2003

Dissabte, 2 d'agost

Respostes a l'atzar

 ¿On és la gent? ens preguntem sovint quan esperem algú, ens trobem perduts o tenim l'estranya sensació d'estar sols al món. Per sort, la gent, tard o d'hora, arriba. Potser no és la que volíem, però què hi farem.
Quan aquesta pregunta té un abast molt més ampli perquè el que vol saber és si no estem sols a l'univers, l'únic que ens arriben són respostes a l'atzar. Javier Sampedro ens en proposa algunes en el seu article:

La paradoja de Fermi


Un mediodía del verano de 1950, el gran físico italiano Enrico Fermi salió de su laboratorio de Los Álamos para ir a comer con sus colegas Ed Teller, Herbert York y Emil Konopinski. La fiebre de avistamientos de ovnis y abducciones por marcianos estaba en lo más alto en Estados Unidos, y los cuatro científicos no pudieron evitar la conversación mientras esperaban sus platos. ¿Serían los marcianos los responsables del gran número de cubos de la basura que estaban desapareciendo en Nueva York (otra de las serpientes de aquel verano)? ¿Es posible que un platillo volante supere la velocidad de la luz? Al llegar la comida, Teller, York y Konopinski derivaron hacia asuntos más terráqueos, pero Fermi se quedó pensativo, con la cara que ponía cuando calculaba mentalmente. De pronto dejó a sus colegas con el tenedor en la boca al preguntar: "¿Dónde está todo el mundo?".

El cálculo mental de Fermi debió de ser algo así: si nuestra galaxia, la Vía Láctea, tiene cerca de 400.000 millones de estrellas, de las que la mitad pueden tener planetas, de los que una parte estarán a una razonable distancia de su sol, y si la Tierra es un planeta medio que gira en torno a una estrella vulgar en una zona mediocre de un brazo galáctico que no tiene nada de particular, y en la Tierra surgió la vida, la inteligencia y la civilización, lo mismo debería haber pasado en otros miles, tal vez millones de planetas de la Vía Láctea, y no ahora, sino hace miles de millones de años. Colonizar la galaxia es laborioso, pero no debería llevarle a una civilización avanzada más de unos cuantos millones de años. Por tanto, los extraterrestres deberían estar ya aquí, o al menos deberían llegarnos sus señales. ¿Dónde están? ¿Dónde está todo el mundo? Ésa es la paradoja de Fermi.

El físico español Francisco Ynduráin dedicó un delicioso libro al asunto en 1997 (¿Quién anda ahí?, editorial Debate). Pero Stephen Webb, un profesor de física de la Open University británica, acaba de rematar la faena con Where is everybody? (Copernicus Books, Nueva York, 2002), una minuciosa compilación de las 50 posibles soluciones a la paradoja de Fermi. He aquí cuatro de ellas:

1. Los terrícolas llevamos ya 40 años escuchando a las estrellas, y no hemos detectado ni un miserable estornudo marciano. Pero tal vez es que todo el mundo esté haciendo lo mismo -escuchar- y aquí no mande señales ni Dios.

2. Una variante de la anterior: para ellos somos un zoo, y se limitan a observarnos los domingos por la mañana.

3. Llegaron aquí hace 4.000 millones de años y sembraron la Tierra de bacterias que luego evolucionaron: los extraterrestres existen, y somos nosotros.

4. No existen. La evolución de la inteligencia no es tan fácil como creen los neoliberales, y nosotros somos los primeros de la galaxia en haberla logrado.

Puede ser un buen ejercicio playero encontrar nuevas soluciones a la paradoja de Fermi. Yo me permito aportar tres:

1. Nuestra primitiva tecnología ya es capaz de descubrir planetas en otras estrellas, y dentro de poco podrá saber cuáles de ellos tienen agua. Cualquier civilización extraterrestre igual de torpe que nosotros debió conocer que la Tierra existía, y que tenía agua, hace al menos 3.000 millones de años. Por tanto, no nos mandan señales porque ya saben que estamos aquí, y no es cosa de gastar saliva electromagnética de una manera tan estúpida.

2. Sus biólogos son un poco mejores que los nuestros, y ya han eliminado el envejecimiento y la muerte. Los extraterrestres no se mezclan con nosotros porque somos mortales, y eso nos hace peligrosos, antipáticos, correosos, qué se yo.

3. No somos la primera inteligencia que ha aparecido en la Vía Láctea, sino la última. Hemos tardado tanto en evolucionar que todos los demás ya se han ido de este petardo de galaxia.

Crónica: Ciencia recreativa / 2 (EL PAIS / 02-08-2003)

dissabte, de juliol 26, 2003

Dissabte, 26 de juliol

Estiu

summertime/Hopper Vicente Verdú reflexiona sobre la vida comparant-la a un llarg estiu. Bé, va d'això i també de com treure el màxim profit dels petits instants sense pensar en l'abans i el després. Aquest article és la seva manera de dir-nos com se sent després de la mort de la seva parella.


Verano

La vida es, en el mejor de los casos, como un mes de verano. Tan corta como unas vacaciones, pero, en apariencia, interminable como la falsa sensación que se recibe en sus comienzos.

Cuando, en una sociedad religiosa, la existencia conllevaba una dimensión trascendente, los años de vida se engastaban en la duración eterna y, significativamente, constituían un pasillo obligado para ingresar en el más allá. Ahora, sin embargo, sin significado trascendente, el único sentido de vivir es la inmanencia. Lo inminente es lo eminente. Y nuestro afán, siendo cabales, debía depositarse a la fuerza en cada pequeño instante sin necesidad de evocar el siguiente o el anterior. Es decir, sin inquietud por crear un proceso y, en consecuencia, un vano camino hacia la cima ideal. Fijarse en cada momento como un absoluto no es profesar vitalismo alguno ni se trata de asumir una posición activa, sino tan sólo de defenderse. O de cumplir, en fin, con el simulacro de que vivir vale la pena; la pena de vivir.

Ciertamente, la experiencia de la vida resulta a veces tan venial y desprendida de consciencia como un mes de vacaciones: vivida haciendo planes de excursiones mientras se pierde de vista, de sabor y de tacto, lo único verdadero: el instante de vivir y de morir, en un instante.

Como consecuencia de esa negligencia, el tiempo se cuela entre las manos sin densidad, de manera que al presentarse la muerte no le podemos oponer nada. La muerte nos desprecia tanto más cuanto más la ignoramos y nos aparta así fácilmente para abrirse camino como un autómata. Ser muy humano es, por el contrario, investirse de la mayor mortalidad. Saberse tan fatal, vulnerable y perecedero como digno del mayor cuidado. Incluso de esta manera los días del verano transcurren imprevisiblemente veloces. Tan apresurados, que ese intervalo dorado de la vacación se desvanece entre un innumerable catálogo de décadas y eras. Indiferente a nuestra atención, ajeno a nuestro entrañamiento, cerrado a los deseos del corazón. El tiempo gigante impera sobre las biografías y, al cabo, el mundo sin destino se revela como una bruñida esfera que al seguir girando perfecciona su olvido y su abstracción.

(El Pais, 26-7-03)


divendres, de juliol 11, 2003

Divendres, 11 de juliol

 Aquests dies, arrel de la mort de les simeses iranianes, a molts ens ha passat pel cap com es pot viure tota una vida compartint part del cos amb una altra persona, no saber ben bé on comences tu i acaba l'altre. Bé, elles eren les úniques que ho sabien prou bé i per això van decidir separar-se. Juan José Millàs parla d'això en el seu article El velo


Las siamesas fallecidas usaban un velo para las dos cabezas. En un mundo de oraciones gramaticales simples, Ladan y Laleh eran una oración gramatical compuesta. Ni se entendían ni las entendíamos, aunque las leíamos mecánicamente, como los niños el catón, cada vez que aparecían en la tele. Aunque no las comprendiéramos, nos fascinaba el sonido de sus vocales, el sabor de sus consonantes. Nos sorprendía el hecho de que la oración terminase de un modo idéntico al que comenzaba. En cierto modo, eran como un juego de palabras del que ellas mismas estaban hartas. Sólo podían verse la una a la otra a través de un espejo, como esas frases escritas al revés donde aparece la solución al crucigrama. Llevaban 29 años intentando descifrarse por los cauces normales hasta que dijeron hasta aquí hemos llegado: vengan los cirujanos.

La cirugía siempre implica un fracaso. Cuando hay que abrir con un cuchillo, es porque no se ha encontrado la cerradura o porque no hemos dado con la combinación secreta. No sabemos cuál era la combinación secreta de esas dos chicas que siendo completamente diferentes eran completamente iguales. Si no sabemos qué queremos decir cada uno de nosotros, cuya simpleza salta a la vista, ¿cómo averiguar el sentido de esas dos mujeres que cada vez que salían por la tele nos ponían contra las cuerdas del significado? Para evitar las grandes preguntas, nos interrogábamos acerca de las cuestiones de orden práctico: cómo comerán, cómo montarán en bicicleta, cómo se vestirán, cómo se peinarán, cómo resolverán sus asuntos íntimos sabiendo que las ideas de la una pasaban tan cerca del perímetro por el que circulaban las ideas de la otra.

Total, que fueron a los médicos y les pidieron que les desataran el nudo del velo común. Querían tener un velo cada una, una cabeza cada una, un peinado cada una, una profesión cada una, unos horarios cada una: una existencia distinta, en fin, cada una de las dos. Cualquiera de nosotros habría hecho lo mismo, aunque las probabilidades fueran tan escasas. Cumplieron el sueño de ser dos al precio de no ser ninguna. No quisiera estar en la piel de quienes tengan que decidir si enterrarlas juntas o separadas. ¿Qué habrían preferido ellas?

El Pais 11-7-03

dimarts, de juliol 08, 2003

Toni Sala publica una autobiografía literaria de 'Copito de Nieve'

'Goril.la blanc' repasa en primera persona la aventura del primate

JACINTO ANTÓN - Barcelona


Jordi Sabater Pi, el hombre que lo adquirió en Guinea y que lo considera animal más bien de poco seso, se sorprenderá ante el retrato de Copito de Nieve que traza el escritor Toni Sala en Goril.la blanc (Edicions 62), las supuestas memorias del cautivo primate. Sala, que sigue de manera pormenorizada la peripecia vital de Copito, presenta a un gorila filósofo que reflexiona como un Segismundo hirsuto y albino. El libro, que llega hasta la actualidad, con lo que Copito puede referirse a la polémica desatada por el futuro de sus propios restos (taxidermia o cremación), arranca con el lejano día de la captura del gorila blanco, entonces una cría. Sala describe -siempre desde el punto de vista del animal- la selva y la existencia prístina de los gorilas y el horror de la trágica jornada que acaba con el protagonista preso y la familia abatida a tiros y machetazos para convertirse en pitanza de los hombres. Los encuentros con una niña fang albina y con Sabater Pi en Ikunde son el preludio de una larga relación con los humanos que incluye a Porcioles, Dalí, Pasqual Maragall, Italo Calvino o Joan de Sagarra, por el que el Copito del libro siente especial atracción.

La vida en el zoo ocupa, como puede suponerse, la mayor parte del libro, y desde su celda -con alguna escapadita- Copito va pasando revista a los acontecimientos de la época, a veces en un tono irónico no exento de amargura, lo que es lógico si a uno le aplican la electroeyaculación. También explica sus vicisitudes familiares y va acumulando mientras envejece una costra de resignación y una clarividencia existencial dignas de Diógenes.

"Me interesa más la literatura que la historia, y así ha salido el libro", explica Sala. "Era un encargo e inicialmente se planteaba como un repaso a la trayectoria de Copito. De hecho el trabajo de documentación ha sido exhaustivo y hasta he viajado a Guinea. Pero mi terreno es la literatura y por eso le he dado esta forma de memorias; no he pretendido otra cosa que hacer literatura, lo que no es óbice para que todo lo que se explica sea verdad, excepto por el detalle de que los gorilas no hablan". Ha salido un Copito muy pensador digno del Informe para una Academia. "Bueno, desde luego ha tenido tiempo para pensar. No creo que los gorilas sean muy diferentes de los seres humanos y si pudiera hablar seguramente expresaría sus sensaciones de privación de libertad, de soledad y de añoranza de manera muy parecida a nosotros".

(EL PAIS | Cataluña - 20-06-2003 - 00:00)



dissabte, de juny 21, 2003

Diumenge, 22 de juny

Somnis d'una nit d'estiu

somni d'una nit d'estiu Si volem conèixer de primera mà noves maneres de preparar la revetlla de Sant Joan, Empar Moliner ens n'explica una en el seu reportatge: Mi marido era un hereje .

"¿Te aburres?", leo en un anuncio pegado en una farola. Pues, bastante. "Llámanos", leo a continuación. "Somos un grupo de amigos de entre 28 y 55 años, separados, solteros-as y viudas. Salimos a bailar, hacemos excursiones... 649 50 14 31. Preguntar por Mari, mañanas. ¡Anímate! Que la verbena está cerca". Es cierto, el lunes vuelve a ser verbena. Y no quiero pasar otro Sant Joan en soledad, viendo el especial de TV-3, murmurando insultos contra esos que tiran petardos, y esos otros que se divierten por obligación, de forma masificada.

Me cito con Mari y su grupo de separados, solteros-as y viudas en el restaurante de la calle de Llançà donde cenan cada fin de semana. Me emociona estar tan cerca de la residencia oficial del gran Salvador Escamilla, y de dos bares que llaman la atención por sus nombres: el Quebec y el Montreal. Antes de entrar, echo un vistazo a las obras de la futura sede central de la ONCE, en el antiguo canódromo, allí donde, a falta de hipódromo, solían ir los admiradores barceloneses de Bukowsky.

Me siento al lado de un amable caballero que, para romper el hielo, me llena el vaso de sangría y me enseña la foto de su último fracaso matrimonial. Es pariente lejano de los Mundet de los Hogares Mundet, y se considera un hombre polifacético. Me lo demuestra al instante: resulta ser el autor de la obra 101 poemes per a l'eternitat (poesía romántica en catalán prefabriano). "También tengo escrita una obra de teatro que admite a la perfección el ser rodada en vídeo", me explica. "La pena es que la cámara también me la robó mi ex". A nuestro alrededor se suceden las conversaciones. "Es una persona que, si sigue bebiendo, le van a tener que cortar otro dedo", dice una rubia muy guapa. "Pero él no deja el vino. Y se va a quedar sin dedos, porque la diabetes es muy mala". Un señor la mar de jovial habla por el móvil: "No tardes en venir, ¡que aquí hay violadoras!". Y Mari me asegura: "Tú espera a que nos haga efecto la sangría... Entonces verás cómo cambiamos. Cómo empezamos a encontrar atractivo al camarero, y a meterle mano". En una punta de la mesa, Conchi, con una servilleta de papel en el escote, cuenta que fue la primera mujer que estudió mecánica en la Escuela Industrial, en el año 1970. "Se puede decir que he tenido dos niños: mi hijo y la Enciclopedia Salvat del Automóvil. Tú me das a mí un coche sin embrague y sin frenos y te atravieso Barcelona. Yo, de un hombre, en lo primero que me fijo es en si entiende de automoción". Ajena a todo, una pareja recién formada -se han conocido aquí- se hace arrumacos. "Mi ex era un hereje. Como persona, nada", se queja ella, Vicenta. "Y eso que en mi matrimonio no hubo otro hombre. Desde los 16 años, con el mismo. Pero lo que yo he sentido con éste, en dos meses", y señala a su nuevo amor, Toni, "no lo he sentido con el otro en 28 años". Toni sonríe con modestia, y explica: "Yo, antes, en la fábrica, sólo pedía el turno de noche. Ahora no, ahora ya quiero trabajar de día. El cambio que ha pegado mi vida, fíjate...".

"Pues el lunes tendremos cena, espectáculo y baile", me anima Mari. "Pero, ¿dónde será? No sé. En todos los lugares buenos ya tienen cogidas las pagas y señales. Si tú das la paga y señal con dos meses de antelación tienes sitio. Nos hemos despertado tarde. A ver dónde nos meten. Sí, claro, aquí nos podríamos quedar, porque aquí podemos poner música. Hoy mismo hay una despedida, y van a traer un boy. Pero, ¿qué pasa? Que en los grupos siempre hay más mujeres que hombres. Los hombres, no sé que pasa, que no se apuntan. Son más de bar. Y, si nos quedamos aquí, como si lo viera: bailaremos entre nosotras. Y yo no me arreglo para eso. En un baile tienes una segunda oportunidad". Se queja de que, aunque el grupo se anuncia en los periódicos, llama poca gente. "Es que en esta sociedad hay muy bajo nivel de lectura. Y si la persona no te lee un artículo de fondo de un periódico, menos te va a leer un anuncio. Es mejor poner un cartel vistoso en la calle. ¿Cuál fue el que viste tú? ¿El Atrévete o el Te aburres?".

A mi izquierda, un señor, que también es nuevo, le pregunta a una mujer con escote bañera: "Usted es viuda, ¿verdad?". Ella niega con la cabeza. "Separada. La viuda es aquella". Y señala a una mujer bajita y extravertida, que grita: "¡Quiero beber!". Pero ya coge una botella de vino y la echa en la jarra de la sangría, para alargar el brebaje. "Pregúntale, pregúntale a ella", me animan todos. Pero no hace falta, porque la viuda avanza hacia mí, y me hace un monólogo, con un estilo que no tiene nada que envidiar a las añoradas artistas del Molino cuando interpretan el papel de "la pasota": "¡Se me han muerto cuatro! Pero el de ahora no se muere. He estado 25 años con un... vamos a llamarle señor". Después de las risas, canturrea: "¡Qué la casque, que la casque...!", pero con la entonación de quien dijera: "Que se besen...!". Se pone seria. "De buscar a otro, no. Él no se va de casa, y yo tampoco. Pero hago lo que me sale del..." (pausa), "alma". Se interrumpe, porque ya vienen los segundos platos. "Todavía no, todavía no", me advierte Mari. "Todavía no nos hace efecto la sangría. Si no, verías lo que hacemos con el camarero. Esto no es nada. Ya verás... Ya verás cómo nos ponemos".

El pais / Catalunya/ 21-6-03

diumenge, de juny 01, 2003

Diumenge, 1 de juny

Escampar la boira

boomerang Hi ha preguntes boomerangs. En llançar-les, ens tornen amb la resposta. Bé, i què és l'arma que Manuel Vicent ens l'ofereix per afrontar els infortunis que trobem al llarg de la vida. Deixem-nos d'arrabataments tràgics, acceptacions covards o dilemes hamletians i fem bona cara al mal temps, ens ve a dir. Però tot té un límit davant del qual ja no val arrossar-se d'espatlles. I aquesta és la pregunta que ens fa al final: Però cada persona té un límit secret, un principi inamovible, que no està disposada a cedir sense lluita al destí. Només un. ¿Quin és el seu?



Y qué

Pese a que Humphrey Bogart tiene dicho que no hay problema en este mundo que no lo solucione un whisky doble, existen dos formas clásicas de afrontar un destino aciago: combatirlo con el ánimo alzado o aceptarlo con estoicismo. Ignoro qué método usaban los héroes antiguos, qué blasfemia o plegaria emitían ante el reto de la adversidad. Este dilema engendró la famosa duda de Hamlet, un príncipe que frente al infortunio se debatía entre el ser o no ser. Creo que existe un espacio del espíritu más allá de la rebelión o de la entrega resignada donde se mueven quienes no son valientes ni cobardes, sino sólo resistentes. Éstos usan una fórmula más sencilla. Ante cualquier conflicto levantan los hombros y exclaman: "Bueno, y qué". Imagino a Hamlet en escena con un estilete en la mano enumerando todas las desdichas humanas: la congoja de un amor desairado, el ultraje del opresor, la traición de un amigo, el desdén del soberbio o cualquier otra injusticia. Si en lugar de fingirse loco fluctuando entre las profundidades de la filosofía, el arrojo de la venganza o el suicidio, al final de cada agravio, envainada la daga, hubiera exclamado: "Bueno, y qué", y luego se hubiera rascado una pierna, Hamlet hoy no sería el ente brumoso y atormentado de la tragedia, sino el príncipe de un relativismo de andar por casa que hace de la duda una fuente de felicidad y no de desdicha. Haga usted la prueba. Cuando crea que va a sucederle algo malo, salga de la niebla del ser o no ser y aplíquese una filosofía parda. Diga para sí mismo: "Bueno, y qué". Detrás de esa exclamación despectiva se le abrirá un campo lleno de posibilidades. Por ejemplo, a esa adolescente la ha dejado su primer novio, bueno y qué, gracias a eso encontrará otro amor que se parece a Brad Pitt; a su hijo lo han suspendido en selectividad, bueno y qué, por este motivo el chico se convertirá en un campeón de tenis; el último análisis ha resultado positivo y le va a abocar al quirófano, bueno y qué, después de la operación quedará absorto frente a la rosa que cultiva en la ventana y cualquier mínimo placer le conmoverá las entrañas recién sajadas. Cada una de estas exclamaciones, bueno y qué, podrían llevarle a otro problema distinto. Si lo repite por tercera vez, lo lógico es que al final se enfrente uno a la muerte, bueno y qué. Morir, dormir, tal vez soñar, decía Hamlet. Pero cada persona tiene un límite secreto, un principio inamovible, que no está dispuesta a ceder sin lucha al destino. Sólo uno. ¿Cuál es el suyo?

MANUEL VICENT (El Pais/ 01-06-2003)

dissabte, de maig 24, 2003

Dissabte, 24 de maig

Con piel de cordero

Empar Moliner El Pais/ 24-5-03

¡Qué alegría he tenido al conocer la prohibición del libro Todas putas, de Hernán Migoya, con el argumento de que hace apología de la violencia de género! No sentía este gozo desde que, hace unos meses, una catedrática propuso prohibir los conguitos por racistas. Bueno, no. En realidad, sentí todavía más gozo cuando las admirables señoras del Instituto Catalán de la Mujer consiguieron que se retirase una frase de un cuento de Pere Calders, en un libro de segundo ciclo de ESO. Ésta: "En aquest cas, si em fa el favor, la violaré, que és una cosa que sempre ve de gust". Opinaban que, fuera de contexto, fomenta (también) la violencia sexual.
Y ahí es a donde voy, porque, sin sacarlo de contexto, el cuento todavía les parecería más incorrecto. ¿No deberíamos prohibirlo igualmente? Sería un grave error escarmentar sólo a Migoya. El mundo está lleno de lobos con piel de cordero. Como Calders, que parecía un santo, y ya ven. Por ello, esta humilde crónica es una propuesta, valiente como todas las mías, para acabar con otras obras de la misma calaña. No hagamos caso de los que opinan que la ficción no es apología de nada porque las opiniones y acciones de un personaje -ya sea Pierre Nodoyuna o J. R. Ewing- no son las del autor. Acabo de volver de La Casa del Llibre (librería) y del Video Instan (videoclub), donde he apuntado unos miles de títulos que deberían retirarse ipso facto del escaparate por la misma regla de tres. Y, por favor, pido a las políticas que tomen el mío como un gesto de buena voluntad. Lo hago pensando en la mujer. Hay tanto material para censurar que, si son ellas las encargadas de seleccionarlo, no podrán dedicarse a su verdadero trabajo: elaborar leyes para proteger a las víctimas que han sufrido violencia en la vida real. Sería una pena que, por luchar contra Migoya, no pudiesen dedicar el tiempo a luchar contra los violadores de verdad.
Eso sí. Tampoco hay que pecar de exceso de celo. Yo sólo censuraría los títulos más mediáticos. A ver si no van a quedar en pie ni Los tres cerditos (cuento que, afortunadamente, ya ha sido prohibido en el Reino Unido porque atenta contra los derechos de los niños musulmanes). Yo empezaría retirando la película Portero de noche, que, según nuestro sistema de pensamiento, es apología del nazismo. Copio sinopsis: "Una joven y bella mujer judía, ex prisionera de un campo de concentración alemán, acude con su marido a un hotel. Allí descubrirá que el portero de noche es su antiguo verdugo torturador, que la sometió a toda clase de vejaciones. Sin embargo, una inexplicable y sórdida atracción la empujará a iniciar con él una tormentosa y sadomasoquista relación que traspasará la frontera de todo lo racional". Para ir un poco al grano, prohibamos también todo Bukowski y todo Henry Miller. Sigamos con los Pequeños cuentos de misoginia, de Patricia Highsmith, y carguémonos a Nabokov, sí, pero con cuidado. El sujeto ya tuvo líos con Lolita en su época, pero ahora está muerto y eso hace que meterse con él sea más impopular. Hay que vigilar con los clásicos, no sé si me explico. Por ejemplo, en El cantar de Mio Cid se viola a las hijas y en la Biblia el episodio de Sodoma y Gomorra es muy vejatorio, pero yo disimularía. Me sugiere el profesor Anton-Maria Espadaler, al que he pedido sabio consejo, que incluya en mi lista Jacob Salabín, esa bella historia moralizante de principios del siglo XV, donde el protagonista se disfraza de mujer para poder violar a la chica. Pues resulta que a la chica ¡le gusta que la violen! Ni más ni menos que la tesis del libro prohibido: todas somos unas guarras. "No era meravella com sa virginitat li havia lliurada, e ella qui n'era molt contenta e pas no se'n penedia". Con Pedro Almodóvar yo también iría bastante a saco. En Hable con ella se viola a una mujer en coma, y no hace falta que les diga que, en su día, ya se escribieron artículos condenando el filme. Que no nos vengan con que recrea el mito de La Bella Durmiente, porque el mito de La Bella Durmiente es vejatorio. Y no me refiero a la versión edulcorada que conocemos. Me cuenta Espadaler que en un principio la cosa iba como sigue: el rey viola a la durmiente, la durmiente se despierta, protesta un poco, pero, al ver que su violador es un hombre que tiene un cargo, se pone más contenta que unas pascuas.
Entre las reacciones más destacables contra Migoya están las de algunas estrellas de la comunicación, que alegan que no pueden opinar porque no han leído el libro, pero que les molesta la "provocación fácil" del título. Así que, para ser coherentes, prohibamos la canción Todos putos, esa que dedican los hinchas del River Plate a los del Sport Racing, y prohibamos también Que se mueran los feos por justificar la pena de muerte contra un colectivo tan numeroso como respetable, cuyo único delito es haber nacido sin belleza. En fin, como la apología es tanta, guardo la documentación completa para quien corresponda.
¡Por cierto! Cuando volvía de La Casa del Llibre he visto al actor Pep-Anton Muñoz, ese que sale en la teleserie El cor de la ciutat. "¡Peris!", le ha gritado un señor, "¡eres un calzonazos!, ¡tu mujer te engaña!". ¡Qué fuerte! La gente no distingue la realidad de la ficción. Se creen que el cornudo es el actor, no el personaje. La gente, qué simple es...

dimarts, de maig 13, 2003

Dimarts, 13 de maig

Hay perfumes que matan

ROSA TOWNSEND - Miami

EL PAIS | Gente - 13-05-2003
En las leyes de Florida no está tipificado el delito de intento de asesinato con perfume, pero la policía, no obstante, ha arrestado a Lynda Taylor, de 36 años, porque en un ataque de furia trató de vengarse de su marido ahogándolo en una nube de aromas a los que es alérgico. En plena pelea de divorcio, David Taylor, de 46 años, se negó a compartir con su esposa 150.000 dólares de una indeminización por baja laboral permanente a causa de sus alergias y ella decidió vengarse. Entró a la cocina armada con perfumes, ambientadores e insecticidas y empezó a esparcirlos generosamente en el aire y sobre la cara de su cónyuge, que poco a poco se asfixiaba. David se salvó gracias a la intervención de su hija, que aunque también fue objeto de la ira perfumada de su madrastra, logró llamar a urgencias. La policía se incautó de las "armas del delito" de la acusada, que ahora espera juicio en Stuart, Florida.

dissabte, d’abril 26, 2003

Dissabte, 26 d'abril

Imma Sanchis entrevista a Emine Sevgi Özdamar, actriz, dramaturga y escritora

"Yo tenía callejones repletos de madres"

lluna Nací en agosto de 1946 en Anatolia (Turquía) y vivo entre Berlín, París y Londres. He estado casada dos veces y no tengo hijos. Soy del 68 y todavía defiendo esas ideas. En Turquía te podían encarcelar por las palabras. He crecido con ideas chamanistas, con supersticiones. He hablado en el CCCB sobre la inmigración turca en Alemania

IMA SANCHÍS - 04:16 horas - 24/04/2003

-Tiene usted una mirada poderosa.

–¿Qué ve?

–Libertad. ¿La tiene? ¿La tuvo?

–Sí, tuve una infancia muy poética. En las callejuelas en las que jugábamos siempre asomaban por las ventanas las personas mayores y los gatos.

–¿Los que no riñen ni juzgan?

–... Y no sólo teníamos una madre, sino callejones repletos de madres. Cuando salía el arco iris nos decían: “Si sois capaces de cruzarlo, las chicas os convertiréis en chicos y los chicos en chicas”. Nunca dejé de perseguirlo, pero cuando pensaba: “Ahora puedo”, me detenía.

–Es lógico.

–Mi abuelo era un señor feudal, un terrateniente, pero que enviaba a su hija a la escuela. Mi abuela me abrió los ojos a la magia.

–¿Con qué historias?

–Los muertos siempre han ocupado un lugar elevado de la jerarquía familiar. Siempre acarreaba a casa las historias trágicas de los demás para que pudiéramos ayudarles.

–¿Cómo?

–Cuando bebíamos agua decíamos: “Que este sorbo de agua fresca vaya a la boca de la vecina que acaba de morir”. Cuando los muertos ocupan un lugar tan destacado, el ritmo de la vida se ralentiza y el desasosiego se transmuta en armonía.

–Cuénteme un hecho mágico.

–A los 10 años fui al teatro estatal como niña de gran talento y me aceptaron; eso me dio la posibilidad de observar las cosas difíciles de la vida, como la muerte, el amor, los celos, la nostalgia..., cosas que en el teatro resultan más fáciles y que integré en mis sentimientos. Así pude conocer otras realidades.

–¿Cómo consigue una joven turca trabajar con Benno Besson?

–Era el sueño de la mayoría de los actores, pero yo fui a Berlín a ver al discípulo de Brecht: “He acudido a usted para aprender el teatro de Brecht”. “Bienvenida”, me dijo.

–¿Así de fácil?

–Sí. A veces parece que la vida se haya detenido y se abre ante ti un gran agujero. Ese es el momento en el que hay que tener preparado un sueño para perseguirlo. La fuerza de los sueños y la ingenuidad, que lleva implícita cierto atrevimiento, son muy poderosas.

–¿Fácil llegar a Berlín como obrera a los 18 años?

–Vivía en una paupérrima residencia para obreras, no hablaba alemán, nevaba siempre y añoraba a mi madre, pero hay un proverbio japonés que dice: “Sólo el viaje es bello”.

–¿Fácil vivir una dictadura militar?

–En el 68 pudimos saltarnos las fronteras sociales. Conocí a muchos personajes que parecían escapados de una novela, y eso me permitió no tomarme tan en serio la propia historia. Pero luego todo eso se detuvo. Mis amigos fueron encarcelados, se acabaron los teatros y me marché de nuevo tras un sueño inventado: la esperanza.

–¿Sigue creyendo que todo es posible?

–Sí. Camus dijo que la vida no tiene sentido, pero hay que seguir amándola sin esperar nada. Sólo eso merece la pena: si te aproximas con amor a los otros, nunca perderás el amor ni la inocencia, basta con creer que todas las personas son sensibles, ése es el punto de partida.

–¿Qué fue lo más difícil?

–La muerte de mis padres. En países como Turquía muchos niños se quedan huérfanos y pronto tienen hijos con los que cubrir su frío a base de entrega. Con el tiempo, estos padres se convierten en hijos de sus hijos.

–¿A usted le ocurrió?

–Sí, cuando fallecieron mis padres tuve la sensación de haber perdido a mis hijos. Mi padre no tenía padre, y mi madre no tenía madre. Yo realicé sus sueños, fui su modelo.

–¿Qué aprendió del matrimonio?

–Siempre me dije a mí misma: “Nunca seré capaz de estar casada”, y tuve la prueba. Tenía un ritmo personal que no pude acompasar al ritmo ajeno, pero amé y fui amada. Cuando interpretas a Ofelia, eres Ofelia. Luego, esa intensidad se queda en el camerino. Sería fantástico poder aplicarlo a la vida.

–¿Cómo?

–Estando cerca y lejos. Imagine que pudiera dejar las penas de amor junto al pañuelo, recuperarlas cuando quisiera y atenderlas.

–¿Ha aprendido a hacerlo?

–No, no podré enseñarle.

–Lástima.

–Pero he aprendido a fijarme con precisión en la vida, ver en cada ser humano su infancia y sus recovecos. Sé que todos somos buenos y malos, producto de las circunstancias. No me gustan los prejuicios, y sólo pueden combatirse ofreciendo amor; si lo haces, la otra persona se abrirá.

–¿Siempre le ha dado buen resultado?

–A veces no. Pero la vida no es lo que vivimos, sino los momentos que seleccionamos. Hay que seleccionar con conciencia.

–¿Lo dice usted, que trabaja con materia trágica?

–Lo trágico me afecta, pero también promete una utopía. Hay algo más importante que reflexionar sobre el ser humano: vivirlo.

–¿A usted quién le acompaña?

–La luna; para mí es como una persona con la que puedo hablar. Cuando tengo reuma le pido que me ayude y ella me contesta: “Lo haré, lo haré...”

–Cuénteme un cuento de su abuela.

–Había un joven que, para no dormirse y no perderse todas las cosas maravillosas que sucedían ante sí, se cortó un trocito de dedo. A veces hay que hacerse daño uno mismo para ver que este mundo es fantástico.

–¡¿Sí?!

–No se asuste, sólo es un cuento..., pero piénselo.






diumenge, d’abril 20, 2003

Diumenge, 20 d'abril

Diumenge de resurecció

 resurreccióRecordant el calendari de setmana santa, Manuel Vicent ens parla de com de petit va fer un viatge al cel, on es va fer amic d'àngels i dimonis, i de com al tercer dia va ressuscitar. De fet, ens parla d'entendre la vida com un exercici de resurrecció constant que deixa enrera la mort de tot allò que hem estat.

Resucitar

Manuel Vicent

El año de mi muerte los ataúdes aún los fabricaba de encargo el carpintero, después de tomar las medidas. Cuando alguien moría por la tarde, se oía en todo el pueblo a altas horas de la madrugada la sierra mecánica del señor Trinitario cortando los tablones de pino. Esta vez aquel sonido estremecedor se debía a mi persona. Era un día de primavera, un Viernes Santo, creo saber. Yo jugaba en un jardín donde había una alberca vacía, en uno de cuyos ángulos se levantaba una pilastra cubierta de hiedra. Al tratar de subirme a ella, caí de espaldas hasta el fondo y fui a dar con el cogote contra la base de hormigón. Con el golpe llegó la oscuridad instantánea a mi cerebro. Quedé en coma profundo tres días. En su último parte el médico dijo a la familia: "Si mañana no resucita es que ya está muerto. Avisen a Trinitario". Sin ser Dios, sino un niño de siete años, después de bajar a los infiernos, yo también resucité el Domingo de Gloria. De pronto, de buena mañana, mientras el primer sol de Pascua iluminaba a los jilgueros, abrí los ojos, me agarré a la barandilla de la cama metálica y , según me han contado, pedí lo primero a mi madre que me hiciera una tarta de merengue. Durante esa breve excursión por el otro mundo, aunque después no recordara nada, hice amistad con algunos ángeles y demonios; también conocí personalmente a varios dioses de la antigüedad y departí con otros muertos como yo, quienes, al parecer, no tenían ningún interés por volver de nuevo a esta vida ordinaria. Pensé que resucitar era una obligación y desde entonces creo que vivir consiste en resucitar en cada instante. Los héroes levantan la tapa de la tumba y salen disparados como el corcho de una botella de cava, pero los de a pie resucitamos como podemos. La muerte es lo que ya hemos vivido. Aquella niña de primera comunión, aquel bachiller, el soldado, el licenciado de la orla, aquella radiante novia, todos los seres que fuimos en los retratos a lo largo de los años, han muerto. Están sumergidos junto con los ángeles y los demonios en la oscura región de Hades. A ellos hemos sobrevivido. Puesto que nuestra vida viene de esa muerte, cada momento que uno vive es un instante de gloria. Si de niño, recién subido del infierno, pedí una tarta de merengue para celebrarlo, esta continua resurrección que consiste en estar vivo, habrá que acompañarla siempre con este verso de Ovidio: "He vencido y conmigo viaja mi pasión". Y así hasta que el carpintero Trinitario venga a tomarnos las últimas medidas.

(El Pais/ 20-4-04)

dilluns, d’abril 14, 2003

Dilluns, 14 d'abril

Guepardo

Manuel Vicent

El misil Tomahawk tiene la precisión de un guepardo de acero. Cuando el guepardo caza, también parece que vuela. La cola le sirve de timón para no perder el equilibrio en el aire y con ella se acomoda elásticamente a los sucesivos quiebros que realiza el antílope durante la huida. La mismas fintas dirigidas por láser ejecuta el Tomahawk hasta que encuentra y se abate sobre el objetivo. Al final de una persecución fulgurante el guepardo le pone la zancadilla al antílope y sin perder un segundo le corta la yugular con las garras. El banquete comienza en seguida. El felino ha destruido al antílope. Por esta sola razón come primero y elige el plato de fundamento. Para él será el muslo, el solomillo y las chuletas, aunque el guepardo deberá compartir el banquete con los tigres y leones si se acercan a la mesa. Cuando los felinos ya se han hartado con las mejores tajadas, el resto de la presa es abandonado a la voracidad de los cánidos. Con sus poderosas mandíbulas las hienas son capaces de quebrantar los huesos más duros, pero antes se adentran directamente con mucha risa en las entrañas blandas de la víctima hasta donde lleguen sus fauces impuras, mientras en una rama de la acacia esperan su turno las aves carroñeras. El orden de los comensales sigue una cadena natural, según se ve en el National Geografic. Los buitres poseen el pico adecuado para extraer los pequeños residuos de carne que han quedado pegados a las coyunturas, pero a veces se encuentran sin competencia ante un animal descompuesto. Si tienen el cuello pelado es para que no molesten las plumas al sumergirlo en sus entrañas. Por lo demás, el guepardo es un excelente padre de familia. Después del festín retoza con sus hijos en la pradera; les lame las orejas, los araña dulcemente para que aprendan a manejar la zarpa el día de mañana, mientras ellos le limpian a su progenitor con la lengua los vestigios de sangre que aun le quedan en los bigotes. Todo Irak es ahora un antílope descuartizado. La reconstrucción que va a abatirse sobre el país destruido debería explicarse según la etología, que estudia las costumbres de los animales. ¿Sabía usted que algunos buitres llevan en el cuello pelado corbatas de seda pura? ¿Sabía que algunas hienas hacen proyectos sobre nuestra felicidad con un zumo de frutas en la mano tumbadas al sol alrededor de las piscinas? Después de la caída de Bagdad los reporteros podrían realizar un safari fotográfico en los hoteles de Kuwait para National Geografic.

(El Pais/ 13-4-03)