dissabte, de juny 21, 2003

Diumenge, 22 de juny

Somnis d'una nit d'estiu

somni d'una nit d'estiu Si volem conèixer de primera mà noves maneres de preparar la revetlla de Sant Joan, Empar Moliner ens n'explica una en el seu reportatge: Mi marido era un hereje .

"¿Te aburres?", leo en un anuncio pegado en una farola. Pues, bastante. "Llámanos", leo a continuación. "Somos un grupo de amigos de entre 28 y 55 años, separados, solteros-as y viudas. Salimos a bailar, hacemos excursiones... 649 50 14 31. Preguntar por Mari, mañanas. ¡Anímate! Que la verbena está cerca". Es cierto, el lunes vuelve a ser verbena. Y no quiero pasar otro Sant Joan en soledad, viendo el especial de TV-3, murmurando insultos contra esos que tiran petardos, y esos otros que se divierten por obligación, de forma masificada.

Me cito con Mari y su grupo de separados, solteros-as y viudas en el restaurante de la calle de Llançà donde cenan cada fin de semana. Me emociona estar tan cerca de la residencia oficial del gran Salvador Escamilla, y de dos bares que llaman la atención por sus nombres: el Quebec y el Montreal. Antes de entrar, echo un vistazo a las obras de la futura sede central de la ONCE, en el antiguo canódromo, allí donde, a falta de hipódromo, solían ir los admiradores barceloneses de Bukowsky.

Me siento al lado de un amable caballero que, para romper el hielo, me llena el vaso de sangría y me enseña la foto de su último fracaso matrimonial. Es pariente lejano de los Mundet de los Hogares Mundet, y se considera un hombre polifacético. Me lo demuestra al instante: resulta ser el autor de la obra 101 poemes per a l'eternitat (poesía romántica en catalán prefabriano). "También tengo escrita una obra de teatro que admite a la perfección el ser rodada en vídeo", me explica. "La pena es que la cámara también me la robó mi ex". A nuestro alrededor se suceden las conversaciones. "Es una persona que, si sigue bebiendo, le van a tener que cortar otro dedo", dice una rubia muy guapa. "Pero él no deja el vino. Y se va a quedar sin dedos, porque la diabetes es muy mala". Un señor la mar de jovial habla por el móvil: "No tardes en venir, ¡que aquí hay violadoras!". Y Mari me asegura: "Tú espera a que nos haga efecto la sangría... Entonces verás cómo cambiamos. Cómo empezamos a encontrar atractivo al camarero, y a meterle mano". En una punta de la mesa, Conchi, con una servilleta de papel en el escote, cuenta que fue la primera mujer que estudió mecánica en la Escuela Industrial, en el año 1970. "Se puede decir que he tenido dos niños: mi hijo y la Enciclopedia Salvat del Automóvil. Tú me das a mí un coche sin embrague y sin frenos y te atravieso Barcelona. Yo, de un hombre, en lo primero que me fijo es en si entiende de automoción". Ajena a todo, una pareja recién formada -se han conocido aquí- se hace arrumacos. "Mi ex era un hereje. Como persona, nada", se queja ella, Vicenta. "Y eso que en mi matrimonio no hubo otro hombre. Desde los 16 años, con el mismo. Pero lo que yo he sentido con éste, en dos meses", y señala a su nuevo amor, Toni, "no lo he sentido con el otro en 28 años". Toni sonríe con modestia, y explica: "Yo, antes, en la fábrica, sólo pedía el turno de noche. Ahora no, ahora ya quiero trabajar de día. El cambio que ha pegado mi vida, fíjate...".

"Pues el lunes tendremos cena, espectáculo y baile", me anima Mari. "Pero, ¿dónde será? No sé. En todos los lugares buenos ya tienen cogidas las pagas y señales. Si tú das la paga y señal con dos meses de antelación tienes sitio. Nos hemos despertado tarde. A ver dónde nos meten. Sí, claro, aquí nos podríamos quedar, porque aquí podemos poner música. Hoy mismo hay una despedida, y van a traer un boy. Pero, ¿qué pasa? Que en los grupos siempre hay más mujeres que hombres. Los hombres, no sé que pasa, que no se apuntan. Son más de bar. Y, si nos quedamos aquí, como si lo viera: bailaremos entre nosotras. Y yo no me arreglo para eso. En un baile tienes una segunda oportunidad". Se queja de que, aunque el grupo se anuncia en los periódicos, llama poca gente. "Es que en esta sociedad hay muy bajo nivel de lectura. Y si la persona no te lee un artículo de fondo de un periódico, menos te va a leer un anuncio. Es mejor poner un cartel vistoso en la calle. ¿Cuál fue el que viste tú? ¿El Atrévete o el Te aburres?".

A mi izquierda, un señor, que también es nuevo, le pregunta a una mujer con escote bañera: "Usted es viuda, ¿verdad?". Ella niega con la cabeza. "Separada. La viuda es aquella". Y señala a una mujer bajita y extravertida, que grita: "¡Quiero beber!". Pero ya coge una botella de vino y la echa en la jarra de la sangría, para alargar el brebaje. "Pregúntale, pregúntale a ella", me animan todos. Pero no hace falta, porque la viuda avanza hacia mí, y me hace un monólogo, con un estilo que no tiene nada que envidiar a las añoradas artistas del Molino cuando interpretan el papel de "la pasota": "¡Se me han muerto cuatro! Pero el de ahora no se muere. He estado 25 años con un... vamos a llamarle señor". Después de las risas, canturrea: "¡Qué la casque, que la casque...!", pero con la entonación de quien dijera: "Que se besen...!". Se pone seria. "De buscar a otro, no. Él no se va de casa, y yo tampoco. Pero hago lo que me sale del..." (pausa), "alma". Se interrumpe, porque ya vienen los segundos platos. "Todavía no, todavía no", me advierte Mari. "Todavía no nos hace efecto la sangría. Si no, verías lo que hacemos con el camarero. Esto no es nada. Ya verás... Ya verás cómo nos ponemos".

El pais / Catalunya/ 21-6-03

diumenge, de juny 01, 2003

Diumenge, 1 de juny

Escampar la boira

boomerang Hi ha preguntes boomerangs. En llançar-les, ens tornen amb la resposta. Bé, i què és l'arma que Manuel Vicent ens l'ofereix per afrontar els infortunis que trobem al llarg de la vida. Deixem-nos d'arrabataments tràgics, acceptacions covards o dilemes hamletians i fem bona cara al mal temps, ens ve a dir. Però tot té un límit davant del qual ja no val arrossar-se d'espatlles. I aquesta és la pregunta que ens fa al final: Però cada persona té un límit secret, un principi inamovible, que no està disposada a cedir sense lluita al destí. Només un. ¿Quin és el seu?



Y qué

Pese a que Humphrey Bogart tiene dicho que no hay problema en este mundo que no lo solucione un whisky doble, existen dos formas clásicas de afrontar un destino aciago: combatirlo con el ánimo alzado o aceptarlo con estoicismo. Ignoro qué método usaban los héroes antiguos, qué blasfemia o plegaria emitían ante el reto de la adversidad. Este dilema engendró la famosa duda de Hamlet, un príncipe que frente al infortunio se debatía entre el ser o no ser. Creo que existe un espacio del espíritu más allá de la rebelión o de la entrega resignada donde se mueven quienes no son valientes ni cobardes, sino sólo resistentes. Éstos usan una fórmula más sencilla. Ante cualquier conflicto levantan los hombros y exclaman: "Bueno, y qué". Imagino a Hamlet en escena con un estilete en la mano enumerando todas las desdichas humanas: la congoja de un amor desairado, el ultraje del opresor, la traición de un amigo, el desdén del soberbio o cualquier otra injusticia. Si en lugar de fingirse loco fluctuando entre las profundidades de la filosofía, el arrojo de la venganza o el suicidio, al final de cada agravio, envainada la daga, hubiera exclamado: "Bueno, y qué", y luego se hubiera rascado una pierna, Hamlet hoy no sería el ente brumoso y atormentado de la tragedia, sino el príncipe de un relativismo de andar por casa que hace de la duda una fuente de felicidad y no de desdicha. Haga usted la prueba. Cuando crea que va a sucederle algo malo, salga de la niebla del ser o no ser y aplíquese una filosofía parda. Diga para sí mismo: "Bueno, y qué". Detrás de esa exclamación despectiva se le abrirá un campo lleno de posibilidades. Por ejemplo, a esa adolescente la ha dejado su primer novio, bueno y qué, gracias a eso encontrará otro amor que se parece a Brad Pitt; a su hijo lo han suspendido en selectividad, bueno y qué, por este motivo el chico se convertirá en un campeón de tenis; el último análisis ha resultado positivo y le va a abocar al quirófano, bueno y qué, después de la operación quedará absorto frente a la rosa que cultiva en la ventana y cualquier mínimo placer le conmoverá las entrañas recién sajadas. Cada una de estas exclamaciones, bueno y qué, podrían llevarle a otro problema distinto. Si lo repite por tercera vez, lo lógico es que al final se enfrente uno a la muerte, bueno y qué. Morir, dormir, tal vez soñar, decía Hamlet. Pero cada persona tiene un límite secreto, un principio inamovible, que no está dispuesta a ceder sin lucha al destino. Sólo uno. ¿Cuál es el suyo?

MANUEL VICENT (El Pais/ 01-06-2003)

dissabte, de maig 24, 2003

Dissabte, 24 de maig

Con piel de cordero

Empar Moliner El Pais/ 24-5-03

¡Qué alegría he tenido al conocer la prohibición del libro Todas putas, de Hernán Migoya, con el argumento de que hace apología de la violencia de género! No sentía este gozo desde que, hace unos meses, una catedrática propuso prohibir los conguitos por racistas. Bueno, no. En realidad, sentí todavía más gozo cuando las admirables señoras del Instituto Catalán de la Mujer consiguieron que se retirase una frase de un cuento de Pere Calders, en un libro de segundo ciclo de ESO. Ésta: "En aquest cas, si em fa el favor, la violaré, que és una cosa que sempre ve de gust". Opinaban que, fuera de contexto, fomenta (también) la violencia sexual.
Y ahí es a donde voy, porque, sin sacarlo de contexto, el cuento todavía les parecería más incorrecto. ¿No deberíamos prohibirlo igualmente? Sería un grave error escarmentar sólo a Migoya. El mundo está lleno de lobos con piel de cordero. Como Calders, que parecía un santo, y ya ven. Por ello, esta humilde crónica es una propuesta, valiente como todas las mías, para acabar con otras obras de la misma calaña. No hagamos caso de los que opinan que la ficción no es apología de nada porque las opiniones y acciones de un personaje -ya sea Pierre Nodoyuna o J. R. Ewing- no son las del autor. Acabo de volver de La Casa del Llibre (librería) y del Video Instan (videoclub), donde he apuntado unos miles de títulos que deberían retirarse ipso facto del escaparate por la misma regla de tres. Y, por favor, pido a las políticas que tomen el mío como un gesto de buena voluntad. Lo hago pensando en la mujer. Hay tanto material para censurar que, si son ellas las encargadas de seleccionarlo, no podrán dedicarse a su verdadero trabajo: elaborar leyes para proteger a las víctimas que han sufrido violencia en la vida real. Sería una pena que, por luchar contra Migoya, no pudiesen dedicar el tiempo a luchar contra los violadores de verdad.
Eso sí. Tampoco hay que pecar de exceso de celo. Yo sólo censuraría los títulos más mediáticos. A ver si no van a quedar en pie ni Los tres cerditos (cuento que, afortunadamente, ya ha sido prohibido en el Reino Unido porque atenta contra los derechos de los niños musulmanes). Yo empezaría retirando la película Portero de noche, que, según nuestro sistema de pensamiento, es apología del nazismo. Copio sinopsis: "Una joven y bella mujer judía, ex prisionera de un campo de concentración alemán, acude con su marido a un hotel. Allí descubrirá que el portero de noche es su antiguo verdugo torturador, que la sometió a toda clase de vejaciones. Sin embargo, una inexplicable y sórdida atracción la empujará a iniciar con él una tormentosa y sadomasoquista relación que traspasará la frontera de todo lo racional". Para ir un poco al grano, prohibamos también todo Bukowski y todo Henry Miller. Sigamos con los Pequeños cuentos de misoginia, de Patricia Highsmith, y carguémonos a Nabokov, sí, pero con cuidado. El sujeto ya tuvo líos con Lolita en su época, pero ahora está muerto y eso hace que meterse con él sea más impopular. Hay que vigilar con los clásicos, no sé si me explico. Por ejemplo, en El cantar de Mio Cid se viola a las hijas y en la Biblia el episodio de Sodoma y Gomorra es muy vejatorio, pero yo disimularía. Me sugiere el profesor Anton-Maria Espadaler, al que he pedido sabio consejo, que incluya en mi lista Jacob Salabín, esa bella historia moralizante de principios del siglo XV, donde el protagonista se disfraza de mujer para poder violar a la chica. Pues resulta que a la chica ¡le gusta que la violen! Ni más ni menos que la tesis del libro prohibido: todas somos unas guarras. "No era meravella com sa virginitat li havia lliurada, e ella qui n'era molt contenta e pas no se'n penedia". Con Pedro Almodóvar yo también iría bastante a saco. En Hable con ella se viola a una mujer en coma, y no hace falta que les diga que, en su día, ya se escribieron artículos condenando el filme. Que no nos vengan con que recrea el mito de La Bella Durmiente, porque el mito de La Bella Durmiente es vejatorio. Y no me refiero a la versión edulcorada que conocemos. Me cuenta Espadaler que en un principio la cosa iba como sigue: el rey viola a la durmiente, la durmiente se despierta, protesta un poco, pero, al ver que su violador es un hombre que tiene un cargo, se pone más contenta que unas pascuas.
Entre las reacciones más destacables contra Migoya están las de algunas estrellas de la comunicación, que alegan que no pueden opinar porque no han leído el libro, pero que les molesta la "provocación fácil" del título. Así que, para ser coherentes, prohibamos la canción Todos putos, esa que dedican los hinchas del River Plate a los del Sport Racing, y prohibamos también Que se mueran los feos por justificar la pena de muerte contra un colectivo tan numeroso como respetable, cuyo único delito es haber nacido sin belleza. En fin, como la apología es tanta, guardo la documentación completa para quien corresponda.
¡Por cierto! Cuando volvía de La Casa del Llibre he visto al actor Pep-Anton Muñoz, ese que sale en la teleserie El cor de la ciutat. "¡Peris!", le ha gritado un señor, "¡eres un calzonazos!, ¡tu mujer te engaña!". ¡Qué fuerte! La gente no distingue la realidad de la ficción. Se creen que el cornudo es el actor, no el personaje. La gente, qué simple es...

dimarts, de maig 13, 2003

Dimarts, 13 de maig

Hay perfumes que matan

ROSA TOWNSEND - Miami

EL PAIS | Gente - 13-05-2003
En las leyes de Florida no está tipificado el delito de intento de asesinato con perfume, pero la policía, no obstante, ha arrestado a Lynda Taylor, de 36 años, porque en un ataque de furia trató de vengarse de su marido ahogándolo en una nube de aromas a los que es alérgico. En plena pelea de divorcio, David Taylor, de 46 años, se negó a compartir con su esposa 150.000 dólares de una indeminización por baja laboral permanente a causa de sus alergias y ella decidió vengarse. Entró a la cocina armada con perfumes, ambientadores e insecticidas y empezó a esparcirlos generosamente en el aire y sobre la cara de su cónyuge, que poco a poco se asfixiaba. David se salvó gracias a la intervención de su hija, que aunque también fue objeto de la ira perfumada de su madrastra, logró llamar a urgencias. La policía se incautó de las "armas del delito" de la acusada, que ahora espera juicio en Stuart, Florida.

dissabte, d’abril 26, 2003

Dissabte, 26 d'abril

Imma Sanchis entrevista a Emine Sevgi Özdamar, actriz, dramaturga y escritora

"Yo tenía callejones repletos de madres"

lluna Nací en agosto de 1946 en Anatolia (Turquía) y vivo entre Berlín, París y Londres. He estado casada dos veces y no tengo hijos. Soy del 68 y todavía defiendo esas ideas. En Turquía te podían encarcelar por las palabras. He crecido con ideas chamanistas, con supersticiones. He hablado en el CCCB sobre la inmigración turca en Alemania

IMA SANCHÍS - 04:16 horas - 24/04/2003

-Tiene usted una mirada poderosa.

–¿Qué ve?

–Libertad. ¿La tiene? ¿La tuvo?

–Sí, tuve una infancia muy poética. En las callejuelas en las que jugábamos siempre asomaban por las ventanas las personas mayores y los gatos.

–¿Los que no riñen ni juzgan?

–... Y no sólo teníamos una madre, sino callejones repletos de madres. Cuando salía el arco iris nos decían: “Si sois capaces de cruzarlo, las chicas os convertiréis en chicos y los chicos en chicas”. Nunca dejé de perseguirlo, pero cuando pensaba: “Ahora puedo”, me detenía.

–Es lógico.

–Mi abuelo era un señor feudal, un terrateniente, pero que enviaba a su hija a la escuela. Mi abuela me abrió los ojos a la magia.

–¿Con qué historias?

–Los muertos siempre han ocupado un lugar elevado de la jerarquía familiar. Siempre acarreaba a casa las historias trágicas de los demás para que pudiéramos ayudarles.

–¿Cómo?

–Cuando bebíamos agua decíamos: “Que este sorbo de agua fresca vaya a la boca de la vecina que acaba de morir”. Cuando los muertos ocupan un lugar tan destacado, el ritmo de la vida se ralentiza y el desasosiego se transmuta en armonía.

–Cuénteme un hecho mágico.

–A los 10 años fui al teatro estatal como niña de gran talento y me aceptaron; eso me dio la posibilidad de observar las cosas difíciles de la vida, como la muerte, el amor, los celos, la nostalgia..., cosas que en el teatro resultan más fáciles y que integré en mis sentimientos. Así pude conocer otras realidades.

–¿Cómo consigue una joven turca trabajar con Benno Besson?

–Era el sueño de la mayoría de los actores, pero yo fui a Berlín a ver al discípulo de Brecht: “He acudido a usted para aprender el teatro de Brecht”. “Bienvenida”, me dijo.

–¿Así de fácil?

–Sí. A veces parece que la vida se haya detenido y se abre ante ti un gran agujero. Ese es el momento en el que hay que tener preparado un sueño para perseguirlo. La fuerza de los sueños y la ingenuidad, que lleva implícita cierto atrevimiento, son muy poderosas.

–¿Fácil llegar a Berlín como obrera a los 18 años?

–Vivía en una paupérrima residencia para obreras, no hablaba alemán, nevaba siempre y añoraba a mi madre, pero hay un proverbio japonés que dice: “Sólo el viaje es bello”.

–¿Fácil vivir una dictadura militar?

–En el 68 pudimos saltarnos las fronteras sociales. Conocí a muchos personajes que parecían escapados de una novela, y eso me permitió no tomarme tan en serio la propia historia. Pero luego todo eso se detuvo. Mis amigos fueron encarcelados, se acabaron los teatros y me marché de nuevo tras un sueño inventado: la esperanza.

–¿Sigue creyendo que todo es posible?

–Sí. Camus dijo que la vida no tiene sentido, pero hay que seguir amándola sin esperar nada. Sólo eso merece la pena: si te aproximas con amor a los otros, nunca perderás el amor ni la inocencia, basta con creer que todas las personas son sensibles, ése es el punto de partida.

–¿Qué fue lo más difícil?

–La muerte de mis padres. En países como Turquía muchos niños se quedan huérfanos y pronto tienen hijos con los que cubrir su frío a base de entrega. Con el tiempo, estos padres se convierten en hijos de sus hijos.

–¿A usted le ocurrió?

–Sí, cuando fallecieron mis padres tuve la sensación de haber perdido a mis hijos. Mi padre no tenía padre, y mi madre no tenía madre. Yo realicé sus sueños, fui su modelo.

–¿Qué aprendió del matrimonio?

–Siempre me dije a mí misma: “Nunca seré capaz de estar casada”, y tuve la prueba. Tenía un ritmo personal que no pude acompasar al ritmo ajeno, pero amé y fui amada. Cuando interpretas a Ofelia, eres Ofelia. Luego, esa intensidad se queda en el camerino. Sería fantástico poder aplicarlo a la vida.

–¿Cómo?

–Estando cerca y lejos. Imagine que pudiera dejar las penas de amor junto al pañuelo, recuperarlas cuando quisiera y atenderlas.

–¿Ha aprendido a hacerlo?

–No, no podré enseñarle.

–Lástima.

–Pero he aprendido a fijarme con precisión en la vida, ver en cada ser humano su infancia y sus recovecos. Sé que todos somos buenos y malos, producto de las circunstancias. No me gustan los prejuicios, y sólo pueden combatirse ofreciendo amor; si lo haces, la otra persona se abrirá.

–¿Siempre le ha dado buen resultado?

–A veces no. Pero la vida no es lo que vivimos, sino los momentos que seleccionamos. Hay que seleccionar con conciencia.

–¿Lo dice usted, que trabaja con materia trágica?

–Lo trágico me afecta, pero también promete una utopía. Hay algo más importante que reflexionar sobre el ser humano: vivirlo.

–¿A usted quién le acompaña?

–La luna; para mí es como una persona con la que puedo hablar. Cuando tengo reuma le pido que me ayude y ella me contesta: “Lo haré, lo haré...”

–Cuénteme un cuento de su abuela.

–Había un joven que, para no dormirse y no perderse todas las cosas maravillosas que sucedían ante sí, se cortó un trocito de dedo. A veces hay que hacerse daño uno mismo para ver que este mundo es fantástico.

–¡¿Sí?!

–No se asuste, sólo es un cuento..., pero piénselo.






diumenge, d’abril 20, 2003

Diumenge, 20 d'abril

Diumenge de resurecció

 resurreccióRecordant el calendari de setmana santa, Manuel Vicent ens parla de com de petit va fer un viatge al cel, on es va fer amic d'àngels i dimonis, i de com al tercer dia va ressuscitar. De fet, ens parla d'entendre la vida com un exercici de resurrecció constant que deixa enrera la mort de tot allò que hem estat.

Resucitar

Manuel Vicent

El año de mi muerte los ataúdes aún los fabricaba de encargo el carpintero, después de tomar las medidas. Cuando alguien moría por la tarde, se oía en todo el pueblo a altas horas de la madrugada la sierra mecánica del señor Trinitario cortando los tablones de pino. Esta vez aquel sonido estremecedor se debía a mi persona. Era un día de primavera, un Viernes Santo, creo saber. Yo jugaba en un jardín donde había una alberca vacía, en uno de cuyos ángulos se levantaba una pilastra cubierta de hiedra. Al tratar de subirme a ella, caí de espaldas hasta el fondo y fui a dar con el cogote contra la base de hormigón. Con el golpe llegó la oscuridad instantánea a mi cerebro. Quedé en coma profundo tres días. En su último parte el médico dijo a la familia: "Si mañana no resucita es que ya está muerto. Avisen a Trinitario". Sin ser Dios, sino un niño de siete años, después de bajar a los infiernos, yo también resucité el Domingo de Gloria. De pronto, de buena mañana, mientras el primer sol de Pascua iluminaba a los jilgueros, abrí los ojos, me agarré a la barandilla de la cama metálica y , según me han contado, pedí lo primero a mi madre que me hiciera una tarta de merengue. Durante esa breve excursión por el otro mundo, aunque después no recordara nada, hice amistad con algunos ángeles y demonios; también conocí personalmente a varios dioses de la antigüedad y departí con otros muertos como yo, quienes, al parecer, no tenían ningún interés por volver de nuevo a esta vida ordinaria. Pensé que resucitar era una obligación y desde entonces creo que vivir consiste en resucitar en cada instante. Los héroes levantan la tapa de la tumba y salen disparados como el corcho de una botella de cava, pero los de a pie resucitamos como podemos. La muerte es lo que ya hemos vivido. Aquella niña de primera comunión, aquel bachiller, el soldado, el licenciado de la orla, aquella radiante novia, todos los seres que fuimos en los retratos a lo largo de los años, han muerto. Están sumergidos junto con los ángeles y los demonios en la oscura región de Hades. A ellos hemos sobrevivido. Puesto que nuestra vida viene de esa muerte, cada momento que uno vive es un instante de gloria. Si de niño, recién subido del infierno, pedí una tarta de merengue para celebrarlo, esta continua resurrección que consiste en estar vivo, habrá que acompañarla siempre con este verso de Ovidio: "He vencido y conmigo viaja mi pasión". Y así hasta que el carpintero Trinitario venga a tomarnos las últimas medidas.

(El Pais/ 20-4-04)

dilluns, d’abril 14, 2003

Dilluns, 14 d'abril

Guepardo

Manuel Vicent

El misil Tomahawk tiene la precisión de un guepardo de acero. Cuando el guepardo caza, también parece que vuela. La cola le sirve de timón para no perder el equilibrio en el aire y con ella se acomoda elásticamente a los sucesivos quiebros que realiza el antílope durante la huida. La mismas fintas dirigidas por láser ejecuta el Tomahawk hasta que encuentra y se abate sobre el objetivo. Al final de una persecución fulgurante el guepardo le pone la zancadilla al antílope y sin perder un segundo le corta la yugular con las garras. El banquete comienza en seguida. El felino ha destruido al antílope. Por esta sola razón come primero y elige el plato de fundamento. Para él será el muslo, el solomillo y las chuletas, aunque el guepardo deberá compartir el banquete con los tigres y leones si se acercan a la mesa. Cuando los felinos ya se han hartado con las mejores tajadas, el resto de la presa es abandonado a la voracidad de los cánidos. Con sus poderosas mandíbulas las hienas son capaces de quebrantar los huesos más duros, pero antes se adentran directamente con mucha risa en las entrañas blandas de la víctima hasta donde lleguen sus fauces impuras, mientras en una rama de la acacia esperan su turno las aves carroñeras. El orden de los comensales sigue una cadena natural, según se ve en el National Geografic. Los buitres poseen el pico adecuado para extraer los pequeños residuos de carne que han quedado pegados a las coyunturas, pero a veces se encuentran sin competencia ante un animal descompuesto. Si tienen el cuello pelado es para que no molesten las plumas al sumergirlo en sus entrañas. Por lo demás, el guepardo es un excelente padre de familia. Después del festín retoza con sus hijos en la pradera; les lame las orejas, los araña dulcemente para que aprendan a manejar la zarpa el día de mañana, mientras ellos le limpian a su progenitor con la lengua los vestigios de sangre que aun le quedan en los bigotes. Todo Irak es ahora un antílope descuartizado. La reconstrucción que va a abatirse sobre el país destruido debería explicarse según la etología, que estudia las costumbres de los animales. ¿Sabía usted que algunos buitres llevan en el cuello pelado corbatas de seda pura? ¿Sabía que algunas hienas hacen proyectos sobre nuestra felicidad con un zumo de frutas en la mano tumbadas al sol alrededor de las piscinas? Después de la caída de Bagdad los reporteros podrían realizar un safari fotográfico en los hoteles de Kuwait para National Geografic.

(El Pais/ 13-4-03)

dissabte, d’abril 12, 2003

Dissabte, 13 d'abril

Trucades esperançades o discos sol.licitats

fil musical De sempre hem sabut que la música calma les feres, aixeca els ànims, i fa miracles. El cert és que sempre ens acompanya i que la podem fer servir segons ens plagui. Escoltada en públic o en privat, en directe o enregistrada, a tot volum o a cau d'orella, i difosa a través de d'un variat mostrari d'aparells, a partir d'ara la podrem gaudir d'una manera més interactiva i profitosa. Llegiu, sinó, el que ens proposa Empar Moliner en el seu article:


Melómanos del hilo musical

una gran aficionada a los hilos musicales que te entretienen la espera telefónica. Para mí, la frase "comunica y tiene tres llamadas antes que usted, ¿le mantengo en espera?" supone una bendición. Es más, me consta que la mayoría de las telefonistas tienen órdenes de tardar mucho en pasar las llamadas para que disfrutemos del concierto. Por eso, desde que utilizo un móvil con función manos libres, el día que me toca hacer gestiones aprovecho para limpiar el lavabo. Parece que no, pero limpiando con música de fondo limpias con más alegría. Claro que, como experta en hilos musicales, ya descarto los éxitos de siempre y sólo busco rarezas. Desprecio los grandes hits del hilo musical. Sólo si estoy muy desesperada llamaré a El PAÍS y preguntaré por el jefe, porque en El PAÍS ponen el Concierto para piano número 21, de Mozart (el segundo movimiento, adagio). Tampoco llamo a lugares donde tengan el Para Elisa, el Adagio de Albinoni o el Carmina Burana. Y sólo bajo amenazas emplearía los servicios del número 11850 de información. Además de tardar horas en coger la llamada, tardan horas en entender lo que les preguntas y, para colmo, la música que te entretiene es el sobado Canon de Pachelbel. Es un fallo. Piensen que en la empresa Hilo Musical disponen de muchos canales: el Disco House, el Romántico, el Moderno, el Clásica y -mi preferido- el Atmósfera.

Para sacar brillo a los azulejos me iría bien un hilo musical transgresor, así que llamo al Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y pido que me pongan con prensa. "Comunica, ¿le mantengo en espera o llama usted más tarde?", me dice la recepcionista. Le digo que espero y, mientras paso el paño, me deleito con el hilo musical más coherente de la historia de los hilos musicales. Como debe ser en un centro de cultura contemporánea, el hilo musical es música contemporánea. Cuando al fin se pone la eficiente encargada de prensa, Mónica Muñoz, no puedo menos que felicitarla. "Gracias", me contesta ella. "Lo que suena es una pieza de Xavier Maristany especialmente compuesta para nuestro hilo musical. Antes teníamos a Bach". Después de hacer la gestión, me dispongo a fregar el bidé y, si no me animo, no habrá quien lo deje reluciente. Me iría bien un poco de pop, así que llamo al 010. Pero llamar al 010 tiene un peligro: son tan amables y tienen tantas ganas de cumplir que tardan muy poco en contestar tu pregunta. Y así no hay quien se deleite con la música de ambiente. Para que les cueste un poco, lo que nunca falla es pedirles teléfonos de librerías de viejo. El concepto no les suena y no saben cómo buscarlo. Es mi día de suerte y oigo entero el Pretty woman, el Blue velvet y el Mrs. Jones. Una vez terminado el bidé, voy a por el váter. Lo mejor será llamar a editorial Planeta y pedir que me pongan con derechos de autor. Diez minutos de espera no me los quita nadie. Oigo entera esa canción de Luz Casal, Sentir, en la que Luz dice que cree en ti cada mañana, y Sombras de la China, de Serrat.

Para sacar brillo a la bañera marco el número del Auditori de Barcelona. El hilo musical es de los mejores del panorama telefónico, así que también felicito a Xavier Febrés, el jefe de prensa. "Pues gracias en nombre de la OBC, intérprete de las piezas de nuestro hilo", me dice. Al ver que es tan simpático, le pregunto si no le importa que permanezca un rato más a la espera. Así la limpieza será a fondo. "Por supuesto", me contesta. Y me deja con la Sinfonía número dos en re mayor, opus 36, de Beethoven. La siguiente es la Sinfonía número 3 en mi bemol, opus 55 (Heroica), también de Beethoven. Como la OBC toca de maravilla, también disfruto de la Sinfonía número tres en la menor (Escocesa), de Felix Mendelssohn y, luego, bellas piezas del CD Compositors catalans, volum 1.

En el momento de echar el Cif en la taza, llamo al Liceo. "Comunican, ¿le dejo en espera?", me dice la señora de la centralita. Con este oído musical que Dios me ha dado, me parece reconocer la voz de María Callas en 1954 interpretando 'Casta diva', el aria de Norma. Ya estoy viendo a Norma avanzando con su guadaña mientras los sacerdotes se postran y la luna resplandece. ¡Oh, qué hermoso hilo musical, paradigma, por cierto, del melodismo, expresión suprema del canto de Bellini! Dura 7 minutos y 16 segundos, tiempo que empleo yo en dejar la taza libre de gérmenes. Para no abusar, llamo sólo una vez más. Me ponen el Parsifal, de Wagner, y la Linda di Chamounix, de Donizetti. Sólo me queda fregar el suelo. Y para fregar el suelo me hace falta algo duro. Un poco de bakalao, vamos. Así que llamo al Partido Popular y pido que me pongan con las juventudes. Oigo a todo volumen la versión máquina de la sintonía del PP (esa que hace do-mi, do-fa, do-mi-re-do-fa...). Me excita imaginar a los jóvenes peperos despeinándose al son de este hilo musical tan salvaje.

Después de todo esto, el lavabo ha quedado perfecto, pero mis gestiones no están terminadas. Me sucede como en aquel chiste que Leo Cullum publicó hace años en la revista The New Yorker. En él, una secretaria rubia le dice al señor del otro lado del teléfono: "El señor Dyer dice que no tiene ningún interés en hablar con alguien que ha permanecido tanto rato a la espera".

(El pais/ 13-4-03)

dimecres, d’abril 09, 2003

Dimecres, 10 d'abril


Article d'Elvira Lindo que posa al seu lloc als que s'apunten a sortir a les fotos dels altres.

El muerto

"El halago es una moneda falsa que no circularía si no fuera por la vanidad". Lo dijo La Rochefoucauld. Pero hay personas que no necesitan a nadie para ser halagadas, se bastan consigo mismas. Uno no sale de su asombro.

"El halago es una moneda falsa que no circularía si no fuera por la vanidad". Lo dijo La Rochefoucauld. Pero hay personas que no necesitan a nadie para ser halagadas, se bastan consigo mismas. Uno no sale de su asombro. Lees las necrológicas que se le dedican a un escritor recién fallecido, las necrológicas que trazan algunos de sus conocidos, y lo que te encuentras es un ejercicio de autohalago: él me dijo que yo era estupendo, él creía en mí, a él le gustaba que yo le contara... Y la figura de Terenci Moix, personaje adorable, se va diluyendo en vanidades ajenas incapaces de alabar al muerto sin arrebatarle una parte de protagonismo. No salgo de mi asombro. Esta misma mañana pones la radio, dispuesto a escuchar las noticias de la guerra ilegal y las últimas declaraciones de nuestros políticos -qué personajes- que deben creer firmemente en aquello de "cuanto peor, mejor", y cada día se despachan con insultos cada vez más subidos de tono sin importarles el papel que representan ante una sociedad ya de por sí bastante crispada. Pones la radio hoy, tal vez con más inquietud, porque entre el número de vidas truncadas, muchos de ellos niños (no sé por qué hay personas a las que les parece una cursilería sentir más desesperanza por las víctimas infantiles), está el nombre de un periodista español, Julio A. Parrado. Los contertulios comentan y hay quien acaba convirtiendo esa necrológica en una alabanza al periodismo y utilizando un plural que arrebata todo el protagonismo al muerto para dividirlo en trocitos repartidos por toda la profesión. El plural también puede esconder una enorme vanidad. El plural del gremio. Menudo gremio. Pero no todos somos iguales. Y menos iguales que nadie son esos periodistas que se marchan a lugares donde pueden perder la vida. Los demás escribimos artículos viendo las guerras en la tele, narradas con gráficos diseñados por ordenador, con música, porque en la tele la guerra tiene música, y con imágenes que a veces parecen cine. No somos iguales. Nuestra vocación es más limitada. Tú estás en tu cocina, tomando un café y escuchando en la radio las palabras de esos reporteros lejanos. La vanidad gremial resulta, en casos como éste -un reportero de guerra muerto-, pornográfica. Inaceptable. Descanse en paz (nunca mejor dicho).

divendres, d’abril 04, 2003

Divendres, 5 d'abril

B-52

B-52 Article de Juan José Millás que denuncia la presència d' un artefacte volador que es passeja impunement pels nostres cels: el B-52. Les seva aparició, a diferència de la d'ocells i insectes, no ens anuncia cap primavera. Per això, cal assenyalar-lo amb el dit. I com a tota bona faula, no faltarà l'animal encarregat de posar les coses al seu lloc. Aquesta vegada li toca a la papallona.


Una mariposa macho tiene menos envergadura que un B-52, pero es capaz de recorrer decenas de kilómetros, desafiando toda clase de obstáculos, para copular con una mariposa hembra. El B-52, por su parte, recorre miles de kilómetros sin otro objeto que el de amputar los brazos a un crío de 11 años. La mariposa macho perece de amor tras la cópula, mientras que el B-52 regresa sin un rasguño al punto de partida, donde da un trago y vuelve a la carga. No sabemos cuántas mariposas revientan cuando bombardeamos un mercado árabe, pero uno de los últimos proyectiles arrancó de cuajo las alas al pequeño Alí Smain, cuyos muñones se deberían exhibir desde mañana mismo junto a esa imagen en la que los 183 diputados del PP se aplaudían a sí mismos, con una excitación sexual incomprensible, después de haber votado en bloque un sí a la guerra.

Al poco del apareamiento, el abdomen de la mariposa hembra se abre y riega el campo de huevos fecundados. Al poco del arrebato venéreo de los populares, los abdómenes de los B-52 se abrieron y comenzaron a descargar sobre las casas de adobe una lluvia de fuego. La mariposa es el sueño de la oruga como el B-52 es el sueño de Aznar. Cada gusano sueña según sus complejos y la realidad es el resultado de esos sueños. Por cierto, que una cosa envidiable de la mariposa es que puede volar durante la cópula multiplicando así el placer de todos sus sentidos. Si a usted y a mí, pobres mortales ápteros, nos parece que flotamos en el aire al follar, imagínese lo que sería salir por la ventana durante el acoplamiento y tener un orgasmo en la vertical de Bagdad o de Manhattan.

También los B-52 se aparean en pleno vuelo. Quizá lo haya visto usted en la tele y tal vez se le hayan puesto los pelos de punta, como a mí, por la precisión con la que la verga de uno de los dos pájaros metálicos penetra en la abertura húmeda del otro. Sólo que en lugar de descargar sobre él unos gramos de dulce semen, lo llena de gasóleo hasta las cejas para prolongar su vuelo criminal. En este caso, se trata de un acoplamiento incestuoso, contra natura. De hecho, se lo hacen con la nave nodriza, o sea, con la que les amamanta, que es como si se lo hicieran con su puta madre. (El Pais/ 5-4-03)

I com a exemple d'un passat que ens recorda el present, podeu visitar aquest enllaç

dimecres, de març 26, 2003

Dimecres 26 de març

 mascara De la necessitat d'estar alegres per fer front a la tristesa generada per la guerra, de l'alegria lúcida com arma per veure-hi clar, de la necessitat de ser respectuosos amb el dolor dels altres, de no voler ser el mort en el funeral d'un altre i de fer ombra als veritables protagonistes del drama. De tot això, i més, ens parla Elvira Lindo en el seu article El dolor

Elvira Lindo

Hay que ser alegres. Tenemos el deber de ser alegres. Algo parecido dijo García Lorca. No hablaba de la alegría de los ignorantes, ni de los que sólo son capaces de alegrarse por aquello que afecte a su ego, sino de la alegría como motor de la vida, de la alegría que libera del ensimismamiento y hace estar atento a lo que tenemos delante de los ojos. Hay que ser alegres. Se lo escribía Lorca a un amigo en un momento muy oscuro de su existencia. Es probable que se lo estuviera diciendo a sí mismo, que esa frase escondiera una especie de regañina íntima hacia una actitud depresiva de la que no lograba escapar, uno de esos "corta el rollo" que a veces uno se dice a sí mismo para no engolfarse en la tristeza. La tristeza. Con todo este asunto terrible de la guerra hay quien sobreactúa la tristeza. Y no hay cosa más frívola que la sobreactuación viviendo en este lugar del mundo, tiene algo de obsceno. Proust creó un personaje que, como todos los suyos, tiene su calco exacto en alguien que conocemos: Francisca, la criada. Cuando Francisca oía algo sobre una desgracia que ocurría en otro lugar del mundo comenzaba a llorar desconsolada y se le llenaba la cara de padecimiento. Sin embargo, ¡ay como Francisca tuviera que sentir lástima de un ser cercano al que ella considerara por debajo de su categoría! Ahí Francisca se olvidaba de la identificación con el dolor ajeno y podía ser terriblemente cruel. Hay que tener mucho cuidado con la expresión del dolor, y en los entierros, por educación, dejar el protagonismo a quien más lo merezca, es cuestión de justicia. El dolor, en estos días, es de aquellos inocentes a los que les llueven bombas del cielo. El dolor es suyo. No hace falta vestir de negro en las manifestaciones, ni ser campeón del sufrimiento, ni apropiarse de la desgracia ajena. Separemos la realidad de la ficción, como dijo el director de Bowling for Columbine. El papel real de los que podemos dormir tranquilos cada noche es mantener la cabeza fría y no olvidar los nombres (de aquí a las elecciones) de quienes nos metieron en esto. La ficción es hacer que sufrimos tanto como las víctimas reales.
(El Pais/26-3-03)

dissabte, de març 22, 2003

Dissabte, 22 de març

Guerres i déus

espectador De la guerra com a espectacle que trenca les nostres rutines, de l'atracció morbosa que sentim tots per veure-hi què s'hi cou, encara que sigui com a espectadors, i és del que en parla Vicente Verdú a La guerra . Manuel Vicent s'encarrega de reblar el clau a Dioses, on reflexiona sobre el perill de deixar-nos enlluernar per l'estètica de les noves màquines de matar i d'arribar a convertir la realitat en ficció.

Podeu llegir-los a continuació

La guerra


Cuesta decirlo, pero la guerra es lo más excitante que hay. No todas las guerras son iguales, naturalmente, pero participando Estados Unidos se garantiza un gran aporte de productividad psicológica, simbólica y social. Gracias a la guerra de Irak puede que ese país quede devastado por completo, pero, ¿puede compararse la pérdida de su miseria con los beneficios de diverso orden que actualmente se generan en la comunidad internacional? La especie humana en conjunto, traducida en televidentes, ha visto incrementado de súbito la atracción de la pantalla, el interés de sus vidas, la amenidad del hogar. Parejas que habían agotado su comunicación, enteras zonas rurales que dormitaban ante los talk shows, empleados que no hallaban sentido al despertar, reciben, gracias a la guerra, una tonalidad imprevista, sembrada de sentido y sentimentalidad. ¿Qué decir, además, de los medios de comunicación, base de nuestras vidas? En los medios, una guerra con Estados Unidos al frente significa una orgía profesional, la gran ocasión de que todos los enviados sean especiales; todas las noticias, candentes; cualquier número, un hito. Sucede también con las ciudades. Capitales famosas convertidas hoy en meros centros turísticos, triviales parques temáticos o aburridas sedes políticas, adquieren vigor revolucionario e insurgente gracias a las manifestaciones pacifistas que gritan "no a la guerra" como si en ello se revelara milagrosamente la oculta razón de ser. Una guerra espectacular, a cargo del país más espectacular, provee réditos espectaculares; hace recaer en cuestiones profundas, favorece los vínculos interraciales, desarrolla la piedad, fomenta la autoestima. Puede que los países atrasados no sean capaces de procurarnos ordinariamente otra cosa que sucias materias primas, pero cuando se trata de una guerra con Estados Unidos su remesa de artículos morales alcanza un incalculable nivel. Acaso Irak no fuera nada para Occidente desde el punto de vista espiritual y sólo un gran pozo de gasóileo en lo material. Ahora, sin embargo, proporciona ininterrumpidamente, en vitud de la guerra, el chorro vital más caliente, caudaloso y excitante que se había conocido hasta el momento en la fría edad de la información.


Dioses


 déusEntre un Cromagnon esgrimiendo una garrota de encina y George Bush armado con un misil Tomahawk, la diferencia no está en el cerebro humano, sino en la cabeza del misil que ha evolucionado mucho más; no sólo en inteligencia, sino también en diseño. Aunque se presente envuelto en una nube de palabras heroicas, el actual presidente de Estados Unidos conserva todavía intactas algunas pulsiones del primate; en cambio, el Tomahawk se halla ya a años luz de aquella ingenua estaca de nudos. Llevamos ya tres días de espectáculo. Éste es un aviso para los que aún conservan la fascinación por los tebeos de Hazañas Bélicas. Uno de los daños colaterales irreversibles de la guerra moderna consiste en que el espectador de televisión quede subyugado por la belleza de las armas. Ninguna escultura de la última vanguardia puede equipararse con el bombardero B-2 Spirit, un triángulo de acero casi metafísico. Parece que las armas estén hechas para ser admiradas antes que temidas. Si te asombra su precisión y limpieza para alcanzar el objetivo y te dejas poseer por una estética que incluye un poder mortífero, serás tú la primera víctima. De hecho, los misiles tienen una forma obscena. Algunos soldados con vocación de filósofos escriben con tiza en su panza pensamientos satánicos antes de montarlos en las rampas de lanzamiento. Buen viaje al infierno. El mismo impudor contienen los discursos de los políticos y las arengas de los generales que dan paso a las matanzas. Esa literatura épica no ha variado desde los poetas griegos cuando se ensalzaba a los guerreros que dormían de pie apoyados en sus lanzas. Es la misma basura lírica, grandilocuente, sagrada que enardece a la carne de cañón desde los héroes a las ratas. Era el amanecer del 20 de marzo en Bagdad y allí cantaba un gallo anunciando a los tigres. George Bush acababa de invocar al dios de Occidente, el que le libró del alcohol y le juntó las cejas. Bajo la tormenta de acero Sadam también llamó en su ayuda a otro dios, el que gobierna el sésamo y la venganza. En ese momento ya no eran los misiles y las baterías antiaéreas, sino dos dioses monoteístas los que luchaban en el cielo del paraíso terrenal. Después de la crueldad vendrá la victoria aparente y sin duda ganará el dios más armado. Si alguno que hoy está en contra de la guerra aplaudiera a los vencedores deberá contabilizarse entre las bajas. Cuando el olvido se imponga sobre los muertos será el momento de llorar por ti mismo si has cedido a la belleza diabólica de las armas.

Manuel Vicent ( El Pais/ 23-3-03)




dilluns, de març 03, 2003

Dilluns, 3 de març



efectes especials Sembla que L'AVE segueix les petges del seu pare el Talgo i no hi ha manera que passi de Saragossa. Catenàries tallades o en mal estat, avencs de diferent fondària i tot un rosari d'entrebancs s'han fet els amos les vies. ¿Màgia o imprevisió? Alvarez Cascos (ministre de fomento) diu que "no vol discutir amb institucions científiques ( El Col.legi de Geòlegs d'Aragó, que ja havia advertit que fessin passar la línia de l'AVE passés per una zona d'avencs). Ell sabrà per què. Mentre, els viatges "promocionals" continuen oferint als convidats tot un assortit d'efectes especials perquè es distreguin. Margarita Rivière ens parla de tot això en el seu article Quiero y no puedo.(El Pais / 2-3-03)

El humor se cuela entre las desgracias acumuladas. Este es el país de Mortadelo y Filemón, pero también de El Roto. La semana ha sido, pues, de risa como consecuencia de la pena. Nada más lógico cuando el Gran Tren Maravilloso, el AVE, hace su entrada inaugural en Lleida mostrando que la Gran Velocidad del futuro equivale a la de una destartalada tartana; como en la España de Berlanga. Para mayor recochineo, todo ello sucede ante un montón de periodistas capaces de distinguir lo que es ir a 300 por hora y que concluyen, como Francesc Arroyo, que mejor ir en coche a Lleida que apostar por esa flamante y pretenciosa caja de sorpresas celtibéricas.

La parábola del AVE -recordemos los pactos y más pactos sobre el asunto, recordemos el dinero de todos invertido en el fiasco, recordemos las promesas, las tensiones, las ínfulas, los sueños vendidos, la propaganda- es la del quiero y no puedo. Algo muy actual y que define bien esta España de un Aznar, el kaiser galáctico -como lo dibuja Peridis-, lanzado a una guerra que, para empezar, nos costará el turismo; es decir, nuestra industria nacional por antonomasia. Pero ¿quién, salvo los previsibles afectados, piensa ahora en esta segura perspectiva? El quiero y no puedo habla de un venir a menos cuidadosamente empaquetado de grandeur, cuentos de la lechera y falta de inteligencia.

Cuando la dinámica del quiero y no puedo echa raíces entre aquellos que tienen la obligación de no perder el mundo de vista todo es posible. Se trata, por ejemplo, de pretender entrar en ese círculo de los happy few que dirigen el mundo -así lo explica The Economist esta semana refiriéndose a la política de Aznar- a costa de lo que sea, lo cual incluye la temeridad de intentar convencer al Papa de Roma de la bondad de la guerra preventiva. Cuando impera esa lógica, tan propia del entusiasmo por sí mismo de los nuevos ricos, cabe esperarlo todo. Medio país sigue, atónito, el espectáculo -una comedia y un drama al mismo tiempo- que se despliega ante nuestros pedestres ojos.

El quiero y no puedo se convierte así en la epopeya más chusca de nuestra historia. La realidad no acompaña, claro. La realidad es una cosa de estar por casa, a años luz de las pretensiones desplegadas. Ahí está, mala casualidad, que los famosos polvos peligrosísimos -dedicados a cometer atentados- decomisados a los supuestos miembros de Al Qaeda en Cataluña han resultado ser inocuos: en vez de productos explosivos o químicos destinados a aniquilarnos parece que se trata -lo ha dicho un test norteamericano llamado predictor, para mayor regocijo- de un detergente común.

Ahí está la enésima encuesta que coloca a este país a la cola del gasto público en investigación y desarrollo o en bienestar social. Ahí está ese intento de enredar al Parlamento -y a nosotros- con un acuerdo europeo pacificador y luego ir corriendo a sellar la alianza entre Valladolid y Tejas para invadir Irak. Ahí está Francia deteniendo en realidad a terroristas de ETA, mientras se vende que Estados Unidos es quien va a frenar el terrorismo. Ahí está la crisis económica, agazapada tras los fuegos de artificio mortíferos de una guerra tan anunciada como aún inexistente. ¡Ah, Mortadelo y Filemón! ¡Qué excelentes héroes infantiles fuisteis y qué bien retratasteis la trastienda del quiero y no puedo frente a una implacable realidad de estar por casa!

Porque esto es lo que sucede: la realidad, finalmente, es de estar por casa. De estar por casa, aunque, oh paradoja, las casas en este país sean precisamente el mayor exponente del quiero (casa) y no puedo (lograrla a un precio normal). Una risa para llorar.

cromets

dimarts, de febrer 25, 2003

Dimarts, 25 de febrer

Amors a la carta. Meri Torras. Ed. Galaxia Gutemberg/ Cercle de Lectors

Cartes d’amor a l’era digital

L’adveniment del segle XXI, amb la implantació de les noves TIC (Tecnologies de la Informació i la Comunicació), ha comportat transformacions no només en molts dels gèneres literaris sinó en la mateixa literatura. Hi ha qui aventura que, ja des de l’etimologia del mot – littera, lletra-, la literatura pertany a l’era escrita i que desapareixerà necessàriament al llarg de l’era digital, per donar pas a una altra cosa – que no és completament una altra cosa – que s’ha batejat amb el nom de ciberliteratura o literatura hipertextual o literatura electrònica o literatura ergòdica... Aquestes etiquetes s’encavalquen però no s’identifiquen i, sens dubte, caldrà valorar-ne l’abast els propers anys. A l’era electrònica, quan triomfen la virtualitat, el simulacre, la transitorietat, la cibercultura, pregonar epistolografia, encara que sigui a través de i l’edició acurada d’una antologia de cartes d’amor de la literatura catalana, corre el risc de semblar un gest impregnat de melangia i enyor, o – especialment a ulls d’alolescents usuaris empedreïts del mòbil i l’ordinador – una mena de mostrari més o menys curiós de troballes arqueològiques. Hi ha lloc per a l’epistolografia en el nou mileni?, o, per plantejar-ho fent un joc de paraules: les noves TIC regeneren o degeneren el gènere epistolar? La millor resposta, probablement, passa per totes dues coses.

Moltes d’aquestes noves tecnologies donen a l’escriptura un protagonisme dins el procés comunicatiu que l’imperi del telèfon li havia manllevat. En efecte; si la immediatesa, la rapidesa i la comoditat d’alçar l’auricular, marcar i parlar, havia acabat relegant la pràctica epistolar de la quotidianitat de les persones, el fax- relativament extès-, el correu electrònic – en augment d’ús- i els missatges de mòbil són un espai on sense retop hem d’escriure(‘ns), narrar(-nos): els verbs de la postmodernitat. Un exemple: els telegrames d’amor resultaven poc viables perquè: a) un telegrama és, per definició curt, i si ens expliquem amb moltes giragonses retòriques fàcilment acabarem tenint problemes per arribar a final de mes; b) posar un telegrama implica o bé desplaçar-se a la sucursal de correus més propera i enfrontar-se amb la mirada del funcionari o de la funcionària mentre compta (i llegeix!) les nostres paraules amoroses, o bé trucar per telèfon i haver de dictar a algú que no coneixem els mots que hem escollit amb tanta cura per sentir com els va repetint mecànicament a mesura que els anota per transmetre’ls just després amb la mateixa fredor professional. Per contra, els missatges del mòbil són totalment privats, encara més immediats i, com els telegrames, tenen un límit econòmic d’espai que els hauria de fer com una gota de perfum: tenir la capacitat de posseir en la seva mínima expressió la mateixa fragància del flascó.

Si els SMS, missatges via satèl.lit, que viatgen de mòbil en mòbil s’assemblen als telegrames, els correus electrònics es correspondrien amb les cartes tot i fer semblant ostentació d’impaciència i de pressa que catacteritza actualment la nostra vida; encara que els e-mails no es guardin en llaços ni siguin perfumats, més aviat vagin a parar en inodores carpetes dins al disc dur de l’ordinador. Això té un avantatge molt calr: ens estalvia haver-los de retornar un cop l’amor o, si més no, la relació s’acaba, mentre que – si hem de creure les recomanacions que donava l’any 1927 Carles Soldevila, sota el pseudònim de Myself, a La dona ben educada”. Regles de capteniment i d’etiqueta- :”la ruptura comporta el retorn dels presents enviats, cartes i fotografies.” Els correus electrònics tampoc poden acaronar-se, ni olorar-se, ni amagar-se entre els plecs del vestit, ni podem transportar-los a la butxaca de l’abric neguitosament mentre esperem el moment de solitud i privacitat necessària per llegir la missiva. I una de les pèrdues que, personalment- ho confesso-, més em dolen: ja no té sentit que intentem endevinar la personalitat de l’epistològraf analitzant-li obsessivament els trets cal.ligràfics, aplaudint el caràcter resolt, decididament ascendent, dels pals de les tes, les corbes sinuoses i enllaçades de les esses o les muntanyes fermes i prometedores de les emes... També és cert que després, tot plegat, no era de bon tros infal.lible i lletres de somieg solien pertànyer a realitats físiques menys evocadores. En fi...

Des de l’antiguitat, la carta s’ha descrit com un diàleg entre absents; aixi la definia, per exemple, Ciceró a les “ Filípiques”(II, 7) i el valerós Tirant començava amb una de les seves lletres a Carmesina confessant: Absència, enemiga d’enamorats pensaments, és aquella qui, entre tants enemics meus, major combat s’estudia donar-me. Tal vegada perquè obeeix a l’impuls de la comunicació, de vèncer la llunyania insofrible, l’epístola com a gènere ha mostrat una multiformitat envejable que ha fet posssible la seva pervivència al llarg del temps, per venir a donar la raó a una de les epistògrafes amoroses més insignes, Madeleine de Scudéry, quan observaba: No hi ha res que no puguem introduir a propòsit en les cartes d’aquesta natura ( galant i amorosa) i que des del proverbi més popular fins als versos de la Sibi.la, de tot es pugui servir un esperit destre, per acabar demostrant que també funciona a l’inrevès: tot cap a dins de la carta, i la carta, especialment amorosa, acaba sent capaç de vehicular-se a través de tot. No han existit debades els codis muts amb els quals els amants, observant les flors escollides, el moviment del ventall o, fins i tot, el lloc elegit per amagar-se una piga falsa, esbrinessin anhels, inquietuds i desitjos de l’amant o, fins i tot, el lloc i l’hora de la propera cita secreta.

Tanmateix, més que no pas un veritable diàleg, com puntualitza Carles Soldevila a Correspondència amorosa (1926), La lletra d’amor és un terme mig entre la conversa i el sol.liloqui. Aquest fet explica que en els moments de declaració d’intencions, ja sigui per confessar el desig amorós, ja sigui per enviar l’altre a dida, la carta – que fa la figura interlocutora present però muda- esdevingui el motlle ideal.
En format paper o en format electrònic, a les baralles dolces que ens ofereix el joc de l’amor, cal veure l’aposta amb les millors cartes.

Meri Torras ( Universitat Autònoma de barcelona) El Temps, 25-2-03


dimarts, de febrer 11, 2003

Divendres, 14 de febrer

Regalos amorosos ( El pais 06-02-2003 )

ENRIQUE MOCHALES

as de cors Dentro de poco es el Día de San Valentín, aunque papá y mamá ya no se regalan nada. Papá me contó una vez que, siendo novios, le mandó a mamá una docena de rosas rojas al trabajo el 14 de febrero. Entonces mamá se puso furiosa, le dijo que cómo se le ocurría mandarle rosas el Día de San Valentín, que le parecía una absoluta chorrada, que había pasado mucha vergüenza en el trabajo, y papá le aseguró, casi con lágrimas en los ojos, que no entendía nada, y que a veces no sabía cómo acertar. En fin, cosas de mayores.

Yo, aunque todavía soy un poco pequeño, ya tengo novia. Nunca nos hemos regalado nada el 14 de febrero, quizás porque sólo hay un 14 de febrero al año y nos conocemos desde hace una semana y media. Pero este 14 de febrero tengo varias ideas sobre lo que le puedo regalar. Lo primero que pensé fue en abrir la hucha de lata en la que guardo todos mis ahorros. Lo malo es que cuando la abrí, ¡zas!, encontré unas pocas pesetas plateadas por las que no te dan nada hasta dentro de por lo menos cien años. Me di cuenta de que ni trabajando en una fábrica de zapatillas deportivas en Tailandia conseguiría el dinero necesario para comprar un regalo, así que pensé en el abrigo de astracán que hacía tiempo que mamá no usaba, pero cuando se lo dije a ella se rió mucho y me mandó a jugar.

Miré en mis cajones a ver si tenía otras cosas que sirvieran y encontré lo siguiente: un huevo podrido que guardaba para arrojarlo por el balcón, una colección de cucarachas muertas, una bolsa de caracolillos vacíos, dos petardos sin explotar, y un puro habano medio roto que le cogí prestado a papá. La verdad es que no era gran cosa. Estuve pensando en hacerle un collar de caracolillos, y de paso fumarme el puro, pero el fallo estaba precisamente en los caracolillos, a nadie le haría ilusión ponerse un collar de caracolillos, sobre todo si no podía comérselos. ¡Si por lo menos los caracolillos estuviesen llenos!

Hoy, después de pensar un rato, he encontrado algo que regalarle. Como ahora le estoy enseñando a papá a utilizar Internet, una tarde que él no esté le regalaré a mi novia un ataque informático al Pentágono. ¡Será divertidísimo! Apuntaremos los misiles de Israel hacia Washington, y los de China hacia Rusia, y los de Francia hacia... En fin, ya se nos ocurrirá. La liaremos gorda, como los de la película, y nos haremos famosos. Saldremos en la tele como los de Operación Triunfo y Gran Hermano y Un paso adelante. ¡Todos los líderes políticos tendrán que pedirnos sopitas! Seguro que lo primero que hacen es preguntarnos qué queremos. Y entonces yo les diré: "Mil millones de dólares y una docena de rosas rojas". Pero claro, igual mi novia es como mamá, y no le molan las rosas.

No sé por qué, cuando intentas hacer el mejor regalo del mundo, te pones nervioso. No es una sensación agradable. Comprendes que a tu novia no le gustaría el huevo podrido, y quizás tampoco la colección de cucarachas muertas, aunque haya hasta de las gordas. Tal vez papá tenga razón, y a veces uno no sepa cómo acertar.
traducció catalana


diumenge, de febrer 09, 2003

Diumenge, 9 de febrer

D'addicions que maten. Article de Manuel Vicent ( El País, 9-3-03)

Adicción

sonata El clima de guerra se ha apoderado de todas las sobremesas. Antes de que los misiles asolen Bagdad ya están cayendo en nuestros platos, donde las lubinas y otras especies inocentes tratan también de salvarse. La guerra se ha establecido en todas las tertulias de la radio, en las copas de media tarde en los bares, en todos los telediarios, hasta crear una atmósfera muy cargada que ocupa ya la conciencia de los ciudadanos inermes. Se trata de una previa invasión espiritual cuyo objetivo consiste en hacernos creer que la guerra es inevitable. Ésta es la primera victoria que los belicistas intentan alcanzar. Se nos promete un grande y siniestro espectáculo como si los misiles fueran arcángeles. Si se cae en la tentación de creer que esta lluvia de acero sobre Irak es irremediable, aunque ames profundamente la paz, podrías sentirte decepcionado si por fin este festival bélico no se produce, y ésa sería la derrota más miserable. Este clima de guerra ha sido programado para crear una adicción que esté muy cerca de la fascinación diabólica. Hay que llevar las pancartas de protesta hasta el pie de los arsenales, pero también es necesario desintoxicarse. Hoy es un domingo lluvioso o soleado. De buena mañana hay un buen trabajo que hacer: bostezar, rascarse la espalda por debajo del pijama y pensar que una sonata de Bach entreverada con el perfume del café y las tostadas puede limpiar el cielo contaminado. Cualquier pequeño y puro placer que te permitas será un acto subversivo frente a la guerra. Mientras ellos llevan ahora la maquinaria del infierno a las arenas del Paraíso Terrenal, volvamos nosotros a los principios cardinales: el mar de febrero hoy está muy azul, estas palmeras y las de Bagdad son hermanas. Durante el paseo por las calas he vislumbrado que los erizos afloraban en los bajos de las aguas claras y frías de invierno. Por mi parte no me permitiré hoy ninguna caída, ningún miligramo de dinamita ni de petróleo en el cerebro, que suele introducirse a través de comentarios de analistas políticos y de estrategas que hablan de futuras hecatombes con un licor de pera en la mano. La contaminación bélica continuará mañana, pero hoy podrá salvarte el olor a algas, el brillo de las aceitunas rellenas en la terraza del bar durante el aperitivo, la niña que pasará delante de ti patinando. Después podrás hacer el supremo ejercicio de paz: cerrar los ojos y dejar que el sol te dé en la cara. En la claridad de los párpados no verás ningún pájaro de acero, sino la luz primordial que nace todos los días. Y ésa será la primera batalla.